El
conductismo, con su énfasis sobre los métodos experimentales, se
focaliza sobre variables que pueden observarse, medirse y manipular y
rechaza todo aquello que sea subjetivo, interno y no disponible (p.e.
lo mental). En el método experimental, el procedimiento estándar es
manipular una variable y luego medir sus efectos sobre otra. Todo esto
conlleva a una teoría de la personalidad que dice que el entorno de uno
causa nuestro comportamiento.
Bandura consideró que
esto era un poquito simple para el fenómeno que observaba (agresión en
adolescentes) y por tanto decidió añadir un poco más a la fórmula:
sugirió
que el ambiente causa el comportamiento; cierto, pero que el
comportamiento causa el ambiente también. Definió este concepto con el
nombre de determinismo recíproco: el mundo y el comportamiento de una
persona se causan mutuamente.
Más tarde, fue un
paso más allá. Empezó a considerar a la personalidad como una
interacción entre tres “cosas”: el ambiente, el comportamiento y los
procesos psicológicos de la persona. Estos procesos consisten en
nuestra habilidad para abrigar imágenes en nuestra mente y en el
lenguaje. Desde el momento en que introduce la imaginación en
particular, deja de ser un conductista estricto y empieza a acercarse a
los cognocivistas. De hecho, usualmente es considerado el padre del
movimiento cognitivo.
El añadido de imaginación y
lenguaje a la mezcla permite a Bandura teorizar mucho más efectivamente
que, digamos por ejemplo, B.F. Skinner con respecto a dos cosas que
muchas personas considerar “el núcleo fuerte” de la especie humana: el
aprendizaje por la observación (modelado) y la auto-regulación.
Aprendizaje por la observación o modelado
De
los cientos de estudios de Bandura, un grupo se alza por encima de los
demás, los estudios del muñeco bobo. Lo hizo a partir de una película
de uno de sus estudiantes, donde una joven estudiante solo pegaba a un
muñeco bobo. En caso de que no lo sepan, un muñeco bobo es una criatura
hinchable en forma de huevo con cierto peso en su base que hace que se
tambalee cuando le pegamos. Actualmente llevan pintadas a Darth Vader,
pero en aquella época llevaba al payaso “Bobo” de protagonista.
La
joven pegaba al muñeco, gritando ¡“estúpidooooo”!. Le pegaba, se
sentaba encima de él, le daba con un martillo y demás acciones gritando
varias frases agresivas. Bandura les enseñó la película a un grupo de
niños de guardería que, como podrán suponer ustedes, saltaron de
alegría al verla. Posteriormente se les dejó jugar. En el salón de
juegos, por supuesto, había varios observadores con bolígrafos y
carpetas, un muñeco bobo nuevo y algunos pequeños martillos.
Y
ustedes podrán predecir lo que los observadores anotaron: un gran coro
de niños golpeando a descaro al muñeco bobo. Le pegaban gritando
¡”estúpidooooo!”, se sentaron sobre él, le pegaron con martillos y
demás. En otras palabras, imitaron a la joven de la película y de una
manera bastante precisa.
Esto podría parecer un
experimento con poco de aportación en principio, pero consideremos un
momento: estos niños cambiaron su comportamiento ¡sin que hubiese
inicialmente un refuerzo dirigido a explotar dicho comportamiento! Y
aunque esto no parezca extraordinario para cualquier padre, maestro o
un observador casual de niños, no encajaba muy bien con las teorías de
aprendizaje conductuales estándares. Bandura llamó al fenómeno
aprendizaje por la observación o modelado, y su teoría usualmente se
conoce como la teoría social del aprendizaje.
Bandura
llevó a cabo un largo número de variaciones sobre el estudio en
cuestión: el modelo era recompensado o castigado de diversas formas de
diferentes maneras; los niños eran recompensados por sus imitaciones;
el modelo se cambiaba por otro menos atractivo o menos prestigioso y
así sucesivamente. En respuesta a la crítica de que el muñeco bobo
estaba hecho para ser “pegado”, Bandura incluso rodó una película donde
una chica pegaba a un payaso de verdad. Cuando los niños fueron
conducidos al otro cuarto de juegos, encontraron lo que andaban
buscando…¡un payaso real!. Procedieron a darle patadas, golpearle,
darle con un martillo, etc.
Todas estas variantes permitieron a Bandura a establecer que existen ciertos pasos envueltos en el proceso de modelado:
1.
Atención. Si vas a aprender algo, necesitas estar prestando atención.
De la misma manera, todo aquello que suponga un freno a la atención,
resultará en un detrimento del aprendizaje, incluyendo el aprendizaje
por observación. Si por ejemplo, estás adormilado, drogado, enfermo,
nervioso o incluso “hiper”, aprenderás menos bien. Igualmente ocurre si
estás distraído por un estímulo competitivo.
Alguna
de las cosas que influye sobre la atención tiene que ver con las
propiedades del modelo. Si el modelo es colorido y dramático, por
ejemplo, prestamos más atención. Si el modelo es atractivo o
prestigioso o parece ser particularmente competente, prestaremos más
atención. Y si el modelo se parece más a nosotros, prestaremos más
atención. Este tipo de variables encaminó a Bandura hacia el exámen de
la televisión y sus efectos sobre los niños.
2.
Retención. Segundo, debemos ser capaces de retener (recordar) aquello a
lo que le hemos prestado atención. Aquí es donde la imaginación y el
lenguaje entran en juego: guardamos lo que hemos visto hacer al modelo
en forma de imágenes mentales o descripciones verbales. Una vez
“archivados”, podemos hacer resurgir la imagen o descripción de manera
que podamos reproducirlas con nuestro propio comportamiento.
3.
Reproducción. En este punto, estamos ahí soñando despiertos. Debemos
traducir las imágenes o descripciones al comportamiento actual. Por
tanto, lo primero de lo que debemos ser capaces es de reproducir el
comportamiento. Puedo pasarme todo un día viendo a un patinador
olímpico haciendo su trabajo y no poder ser capaz de reproducir sus
saltos, ya que ¡no sé nada patinar!.Por otra parte, si pudiera patinar,
mi demostración de hecho mejoraría si observo a patinadores mejores que
yo.
Otra cuestión importante con respecto a la
reproducción es que nuestra habilidad para imitar mejora con la
práctica de los comportamientos envueltos en la tarea. Y otra cosa más:
nuestras habilidades mejoran ¡aún con el solo hecho de imaginarnos
haciendo el comportamiento!. Muchos atletas, por ejemplo, se imaginan
el acto que van a hacer antes de llevarlo a cabo.
4.
Motivación. Aún con todo esto, todavía no haremos nada a menos que
estemos motivados a imitar; es decir, a menos que tengamos buenas
razones para hacerlo.
Bandura menciona un número de motivos:
Refuerzo pasado, como el conductismo tradicional o clásico.
Refuerzos prometidos, (incentivos) que podamos imaginar.
Refuerzo vicario, la posibilidad de percibir y recuperar el modelo como reforzador.
Nótese
que estos motivos han sido tradicionalmente considerados como aquellas
cosas que “causan” el aprendizaje. Bandura nos dice que éstos no son
tan causantes como muestras de lo que hemos aprendido. Es decir, él los
considera más como motivos.
Por supuesto que las motivaciones negativas también existen, dándonos motivos para no imitar:
Castigo pasado.
Castigo prometido (amenazas)
Castigo vicario.
Como
la mayoría de los conductistas clásicos, Bandura dice que el castigo en
sus diferentes formas no funciona tan bien como el refuerzo y, de
hecho, tiene la tendencia a volverse contra nosotros.
Autorregulación
La
autorregulación (controlar nuestro propio comportamiento) es la otra
piedra angular de la personalidad humana. En este caso, Bandura sugiere
tres pasos:
1. Auto-observación. Nos vemos a nosotros mismos, nuestro comportamiento y cogemos pistas de ello.
2.
Juicio. Comparamos lo que vemos con un estándar. Por ejemplo, podemos
comparar nuestros actos con otros tradicionalmente establecidos, tales
como “reglas de etiqueta”. O podemos crear algunos nuevos, como “leeré
un libro a la semana”. O podemos competir con otros, o con nosotros
mismos.
3. Auto-respuesta. Si hemos salido bien en
la comparación con nuestro estándar, nos damos respuestas de recompensa
a nosotros mismos. Si no salimos bien parados, nos daremos
auto-respuestas de castigo. Estas auto-respuestas pueden ir desde el
extremo más obvio (decirnos algo malo o trabajar hasta tarde), hasta el
otro más encubierto (sentimientos de orgullo o vergüenza).
Un
concepto muy importante en psicología que podría entenderse bien con la
autorregulación es el auto-concepto (mejor conocido como autoestima).
Si a través de los años, vemos que hemos actuado más o menos de acuerdo
con nuestros estándares y hemos tenido una vida llena de recompensas y
alabanzas personales, tendremos un auto-concepto agradable (autoestima
alta). Si, de lo contrario, nos hemos visto siempre como incapaces de
alcanzar nuestros estándares y castigándonos por ello, tendremos un
pobre auto-concepto (autoestima baja)
Notemos que
los conductistas generalmente consideran el refuerzo como efectivo y al
castigo como algo lleno de problemas. Lo mismo ocurre con el
auto-castigo.
Bandura ve tres resultados posibles del excesivo auto-castigo:
Compensación. Por ejemplo, un complejo de superioridad y delirios de grandeza.
Inactividad. Apatía, aburrimiento, depresión.
Escape. Drogas y alcohol, fantasías televisivas o incluso el escape más radical, el suicidio.
Lo
anterior tiene cierta semejanza con las personalidades insanas de las
que hablaban Adler y Horney; el tipo agresivo, el tipo sumiso y el tipo
evitativo respectivamente.
Las recomendaciones de
Bandura para las personas que sufren de auto-conceptos pobres surgen
directamente de los tres pasos de la autorregulación:
Concernientes a la auto-observación. ¡conócete a ti mismo!. Asegúrate de que tienes una imagen precisa de tu comportamiento.
Concernientes
a los estándares. Asegúrate de que tus estándares no están situados
demasiado alto. No nos embarquemos en una ruta hacia el fracaso. Sin
embargo, los estándares demasiado bajos carecen de sentido.
Concernientes
a la auto-respuesta. Utiliza recompensas personales, no auto-castigos.
Celebra tus victorias, no lidies con tus fallos.
Terapia
Terapia de autocontrol
Las
ideas en las que se basa la autorregulación han sido incorporadas a una
técnica terapéutica llamada terapia de autocontrol. Ha sido bastante
exitosa con problemas relativamente simples de hábitos como fumar,
comer en exceso y hábitos de estudio.
1. Tablas
(registros) de conducta. La auto-observación requiere que anotemos
tipos de comportamiento, tanto antes de empezar como después. Este acto
comprende cosas tan simples como contar cuántos cigarrillos fumamos en
un día hasta diarios de conducta más complejos. Al utilizar diarios,
tomamos nota de los detalles; el cuándo y dónde del hábito. Esto nos
permitirá tener una visión más concreta de aquellas situaciones
asociadas a nuestro hábito: ¿fumo más después de las comidas, con el
café, con ciertos amigos, en ciertos lugares…?
2.
Planning ambiental. Tener un registro y diarios nos facilitará la tarea
de dar el siguiente paso: alterar nuestro ambiente. Por ejemplo,
podemos remover o evitar aquellas situaciones que nos conducen al mal
comportamiento: retirar los ceniceros, beber té en vez de café,
divorciarnos de nuestra pareja fumadora…Podemos buscar el tiempo y
lugar que sean mejores para adquirir comportamientos alternativos
mejores: ¿dónde y cuándo nos damos cuenta que estudiamos mejor? Y así
sucesivamente.
3. Auto-contratos. Finalmente, nos
comprometemos a compensarnos cuando nos adherimos a nuestro plan y a
castigarnos si no lo hacemos. Estos contratos deben escribirse delante
de testigos (por nuestro terapeuta, por ejemplo) y los detalles deben
estar muy bien especificados: “Iré de cena el sábado en la noche si
fumo menos cigarrillos esta semana que la anterior. Si no lo hago, me
quedaré en casa trabajando”.
También podríamos
invitar a otras personas a que controlen nuestras recompensas y
castigos si sabemos que no seremos demasiado estrictos con nosotros
mismos.
Pero, cuidado: ¡esto puede llevar a la
finalización de nuestras relaciones de pareja cuando intentemos lavarle
el cerebro a ésta en un intento de que hagan las cosas como nos
gustaría!
Terapia de Modelado
Sin
embargo, la terapia por la que Bandura es más conocido es la del
modelado. Esta teoría sugiere que si uno escoge a alguien con algún
trastorno psicológico y le ponemos a observar a otro que está
intentando lidiar con problemas similares de manera más productiva, el
primero aprenderá por imitación del segundo.
La
investigación original de Bandura sobre el particular envuelve el
trabajo con herpefóbicos (personas con miedos neuróticos a las
serpientes) El cliente es conducido a observar a través de un cristal
que da a un laboratorio. En este espacio, no hay nada más que una
silla, una mesa, una caja encima de la mesa con un candado y una
serpiente claramente visible en su interior. Luego, la persona en
cuestión ve cómo se acerca otra (un actor) que se dirige lenta y
temerosamente hacia la caja. Al principio actúa de forma muy
aterradora; se sacude varias veces, se dice a sí mismo que se relaje y
que respire con tranquilidad y da un paso a la vez hacia la serpiente.
Puede detenerse en el camino un par de veces; retraerse en pánico, y
vuelve a empezar. Al final, llega al punto de abrir la caja, coge a la
serpiente, se sienta en la silla y la agarra por el cuello; todo estop
al tiempo que se relaja y se da instrucciones de calma.
Después
que el cliente ha visto todo esto (sin duda, con su boca abierta
durante toda la observación), se le invita a que él mismo lo intente.
Imagínense, él sabe que la otra persona es un actor (¡no hay decepción
aquí; solo modelado!) Y aún así, muchas personas, fóbicos crónicos, se
embarcan en la rutina completa desde el primer intento, incluso cuando
han visto la escena solo una vez. Esta desde luego, es una terapia
poderosa.
Una pega de la terapia era que no es tan
fácil conseguir las habitaciones, las serpientes, los actores, etc.,
todos juntos. De manera que Bandura y sus estudiantes probaron
diferentes versiones de la terapia utilizando grabaciones de actores e
incluso apelaron a la imaginación de la escena bajo la tutela de
terapeutas. Estos métodos funcionaron casi tan bien como el original.
Discusión
Albert
Bandura tuvo un enorme impacto en las teorías de la personalidad y en
la terapia. Su estilo lanzado y parecido al de los conductistas les
pareció bastante lógico a la mayoría de las personas. Su acercamiento
orientado a la acción y a la solución de problemas era bienvenido por
aquellos que les gustaba la acción más que filosofar sobre el ello,
arquetipos, actualización, libertad y todos los otros constructos
mentalistas que los personólogos tienden a estudiar.
Dentro
de los psicólogos académicos, la investigación es crucial y el
conductismo ha sido su acercamiento preferido. Desde los últimos años
de los 60, el conductismo ha dado paso a la “revolución cognitiva”, de
la cual Bandura es considerado parte. La psicología cognitiva retiene
el sabor de la orientación experimental del conductismo, sin retener
artificialmente al investigador de comportamientos externos, cuando
precisamente la vida mental de los clientes y sujetos es tan obviamente
importante.
Este es un movimiento poderoso, y sus
contribuyentes incluyen a algunas de las personas más destacadas en la
psicología actual: Julian Rotter, Walter Mischel, Michael Mahoney y
David Meichenbaum son algunos de los que me vienen a la mente. También
hay otros dedicados a la terapia como Beck (terapia cognitiva) y Ellis
(terapia racional-emotiva) Los seguidores y posteriores a George Kelly
también se encuentran en este campo. Y las muchas otras personas que se
están ocupando del estudio de la personalidad desde el punto de vista
de los rasgos, como Buss y Plomin (teoría del temperamento) y McCrae y
Costa (teoría de los cinco factores) son esencialmente conductistas
cognitivos como Bandura.
Mi sensación es que el
campo de competidores en la teoría de la personalidad eventualmente
derivará en cognitivos por un lado y por otro los existencialistas.
Mantengámonos en alerta.
La
teoría de Bandura podemos hallara en Social Foundations of Thought and
Action (1986) Si creemos que es muy denso para nosotros, podemos ir a
su trabajo anterior Social Learning Theory(1977), o incluso Social
Learning and Personality Development (1963), donde escribe con Walters.
Si estamos interesados en la agresión, veamos Aggression: A Social
Learning Analysis (1973).