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  <title>Trabajos Tesis Monografías Resumenes Apuntes</title>
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  <updated>2008-10-21T21:32:02-04:00</updated>
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    <title>Otras enfermedades relacionadas con la nutrición</title>
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    <published>2008-11-08T18:04:29-05:00</published>
    <updated>2008-11-08T18:05:00-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Dietas y nutrición" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Otras enfermedades relacionadas con la nutrición:</p>
<p>Anemia:</p>
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    <content type="html"><![CDATA[<p>Otras enfermedades relacionadas con la nutrición:</p>
<p>Anemia:<br />El nombre proviene del griego “sin sangre”- Enfermedad de la sangre caracterizada por una disminución anormal en el número de glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes) o en su contenido de hemoglobina. Los hematíes son los encargados de transportar el oxígeno al resto del organismo, y los pacientes anémicos presentan un cuadro clínico causado por el déficit de oxígeno en los tejidos periféricos. La anemia puede deberse a: 1) defecto en la formación de glóbulos rojos, ocasionado por déficit de nutrientes, hormonas, enfermedades crónicas u otras situaciones; 2) excesiva destrucción de glóbulos rojos, habitualmente por determinadas enfermedades hereditarias, y 3) sangrado excesivo (traumático, quirúrgico, por hemorragia interna).<br /> Los síntomas más comunes de la anemia son palidez, disnea, fatiga, astenia, falta de vitalidad, mareos y molestias gástricas. La anemia más frecuente es la ferropénica, por déficit de hierro, elemento esencial para la fabricación de glóbulos rojos; se produce cuando aumentan las demandas de hierro del organismo para otras funciones, como en la infancia, adolescencia y gestación, o cuando existe un déficit de hierro en la ingesta. La anemia perniciosa se produce por un déficit de vitamina B12, esencial para la fabricación de hematíes, habitualmente por defectos de absorción intestinal de la B12 en mayores de cuarenta años, a veces por carencias alimenticias. La anemia de células falciformes se debe a un defecto hereditario en la síntesis de hemoglobina.</p>
<p>Raquitismo<br />Enfermedad producida por déficit nutricional, caracterizada por deformidades esqueléticas. El raquitismo está causado por un descenso de la mineralización de los huesos y cartílagos debido a niveles bajos de calcio y fósforo en la sangre. La vitamina D es esencial para el mantenimiento de unos niveles normales de calcio y fósforo. El raquitismo clásico, enfermedad carencial de la infancia caracterizada por desarrollo inadecuado o fragilización de los huesos, está producido por una cantidad insuficiente de vitamina D en la dieta, o por ciertas enfermedades que impiden la asimilación de las sales de calcio. En adultos, la deficiencia de vitamina D se manifiesta como osteomalacia (reblandecimiento de los huesos), trastorno debido a la mineralización inadecuada del hueso. El tipo de deformidad esquelética depende en gran medida de la edad del niño cuando se produce la deficiencia de vitamina D. En general, se deforman los tobillos y las muñecas y aparecen abultamientos en las costillas formando el llamado rosario raquítico; la cabeza se agranda y el tórax se estrecha. Un niño que todavía no ha aprendido a andar desarrolla deformidades vertebrales, mientras que un niño que ya anda las desarrolla en las piernas.</p>
<p>Bocio<br />enfermedad de la glándula tiroides caracterizada por un aumento de su tamaño que se visualiza externamente como una inflamación en la cara anterior del cuello. El bocio simple se caracteriza por un aumento global de la glándula, o de uno de sus lóbulos, que suele estar causado por un déficit dietético de yodo. La aparición de la enfermedad es más frecuente en adolescentes. La administración de yodo, o de tiroxina, la hormona que contiene yodo, previene de forma eficaz la enfermedad. Las medidas de salud pública, que incluyen la adición de yodo a los suministros de agua o a la sal de mesa, han ayudado a reducir la incidencia de bocio simple en determinadas zonas</p>
<p> </p>
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    <title>El comer compulsivo</title>
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    <published>2008-11-08T18:01:30-05:00</published>
    <updated>2008-11-08T18:02:24-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Dietas y nutrición" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>El comer compulsivo<br />Algunos de nosotros podemos encontrar difícil regular lo que comemos, sobre todo en las ocasiones en las que nos sentimos descolocados o bajo estrés. Nos volcamos a comer para aliviarnos de los sentimientos que nos perturban, comiendo tal vez grandes cantidades de comida de una vez, tengamos o no tengamos hambre.</p>
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    <content type="html"><![CDATA[<p>El comer compulsivo<br />Algunos de nosotros podemos encontrar difícil regular lo que comemos, sobre todo en las ocasiones en las que nos sentimos descolocados o bajo estrés. Nos volcamos a comer para aliviarnos de los sentimientos que nos perturban, comiendo tal vez grandes cantidades de comida de una vez, tengamos o no tengamos hambre.<br />“Después de terminar con mi novio, lo peor eran las noches. Me sentía tan vacía y sola. Comenzaba solo con un pequeño bocadillo, y luego continuaba sin parar hasta comer todo lo que encontraba.”<br />Después de un “atracón” como este lo más común es “decidir” comer controladamente, y comenzar con periodos de ingesta restringida para compensar el exceso anterior, que sólo van a conseguir llevarnos al próximo atracón.”</p>
<p>Comprendiendo los trastornos del comer<br />Podemos sentirnos inseguros de cómo afrontar cambios cuando un capitulo de nuestras vidas lleva a su fin, por ejemplo y tenemos que tomar decisiones importantes en cuanto al futuro o animarnos a encarar situaciones hasta ahora desconocidas.<br />O podemos sentirnos incómodos por expectativas de éxitos o lograr que son importante s para otras personas pero tal vez no para nosotros.<br />Las mujeres muchas veces se sienten obligadas a encajar en los roles que la sociedad les asigna, aún cuando no esté claro qué es exactamente lo que espera: ¿Objeto sexual o mujer?, ¿Profesional o ama de casa? Y encima parecer una modelo de revista…<br />Puede ser difícil darnos cuenta cuáles son nuestras propias necesidades y reconocer que es lo que realmente queremos.<br />El malestar también puede provenir de relaciones que son importantes para nosotros: por ejemplo, nuestra familia. Padres sobreprotectores que no nos dejan crecer, o situaciones de maltrato o violencia que nos llevan a sentirnos desvalorizados o inseguros.<br />Cualquiera sea la razón, el miedo a no ser capaz de afrontar situaciones o de ser sobrepasado por las mismas es experimentado por muchas de las personas que desarrollamos un trastorno de la conducta alimentaria.<br />Entonces puede darse que:<br />Nos volquemos a la comida para consolarnos, o para distraernos e lo que nos pasa<br />Nos pongamos a dieta para sentir que podemos controlar algo aunque  será, ya que tenemos la sensación de que las cosas se nos van de las manos.<br />Utilicemos la comida como un “arma” para oponernos a los que nos quieren ayudar o como forma de afirmar nuestra personalidad.<br />El consuelo de comer o la satisfacción de lograr no comer parecen las únicas opciones disponibles. Sin embargo, no se trata de una verdadera solución, ya que precisamente es la mala alimentación –restrictiva o compulsiva- la que  nos deja entrampados en un circuito repetitivo.</p>
<p>¿Que se puede hacer?<br />La situación que se genera a partir de entrar en una trastorno de la conducta alimentaria, hace que nos vayamos poniendo cada vez más rígidos en nuestras actitudes con la comida y se vuelve más y más difícil cambiar. A veces, incluso, no queremos cambiar porque no creemos que sea posible vivir la vida de otro modo.</p>
<p>“Es como si estuviera dividida: quiero mejorarme y aumentar de peso –una parte mía sabe que debe hacerlo- y al mismo tiempo haría cualquier cosa para evitarla próxima comida. ¡No sé si saldré de esto alguna vez!”<br />Se puede pedir ayuda para salir de esta situación, peor lo más importante es empezara hacer lago nosotros mismos. Aunque no estemos muy seguros de querer cambiar, vale la pena dar pequeños pasos para probar. El proceso es lento y hay que descubrir lo que a cada uno le ayuda.<br />Ejemplos:<br />•    Darse algunos gustos, mas allá de la comida: volver a hacer cosas que solía disfrutar y hace tiempo que no hace.<br />•    Dedicar parte del tiempo a hacer lo que uno quiere, a ver personas que uno quiere: hacer lo que le guste, no solo lo que otra gente quiere que haga.<br />•    Si en algún momento nos sentimos a gusto con nosotros mismos, habrá empezado el cambio porque la actitud de aceptarse como uno esta, y empezar de a poco con modificar las cosas, implica un verdadero progreso.<br />Habrá momentos mejores y momentos peores, es inevitable en situaciones de crisis sentir que volvemos para atrás, pero generalmente son fases pasajeras.<br />“Alguna gente fuma, otros toman cuando las cosas se ponen difíciles. Yo me descargo con la comida, se me hace dificilísimo mantener un ritmo ordenado cuando estoy estresada, pero estoy aprendiendo, ya lo voy a lograr.”<br />Y mientras eso ocurre, nuestras vidas comienzan a desfocalizarse de lo que comemos, de si nos vemos hinchados o si estamos de mal humor, y es fantástico: Empezamos a hacer cosas que nos dan satisfacción, volvemos a conectarnos con la gente y nos llenamos de alegría.</p>
<p>Consiguiendo ayuda<br />Suele ser muy difícil aceptar que nos pasa algo que necesitamos ayuda para afrontar el problema. Cuando más preocupados por nosotros están los que nos rodean mas nos presionan, y las propuestas que nos hacen suelen amenazar el frágil equilibrio que hemos tratado de mantener. Podemos sentirnos acorralados.<br />“¡Me sentía muy mal, mi vida era un desastre! ¡El dolor y el hambre eran insoportables, tenía mucho miedo! Me daba cuenta de que podía morirme… y sabía que necesitaba ayuda, alguien en quien confiar, alguien que entendiera lo que estaba sintiendo, pero no me animaba a abrirme y pedirla.”<br />Has distintas posibilidades de ayuda y niveles de tratamiento según las necesidades de cada persona.</p>
<p>Primero el cuidado del cuerpo<br />El primer paso debe ser siempre ponernos en manos de un médico general que pueda evaluar, a través de un completo chequeo médico, la situación clínica y los efectos que la mala alimentación nos ha causado.<br />Cuando el medico conoce este tipo de trastornos, puede ocuparse el mismo de la orientación nutricional.<br />De lo contrario, es aconsejable atenderse con algún especialista en nutrición, experimentado en la recuperación de personas con trastornos del comer, y en dar la orientación necesaria a nuestros padres o quienes van a ayudarnos.<br />Es importante tener muy claro este punto: esta comprobado que no existe terapia eficaz de los trastornos del comer en general, que no este acompañada de una renutricion pautada y del restablecimiento de hábitos correctos de alimentación. Por eso, los primero esfuerzos de todos deben estar puestos en que podamos volver a comer bien, eso va a influir no sólo en nuestro bienestar físico sino también en nuestro estado de ánimo.</p>
<p>Tratamiento psicológico<br />Es muy difícil vencer los miedos y sostener los cambios que van surgiendo durante nuestra recuperación sin un apoyo psicológico para nosotros y nuestra familia. Este apoyo puede abarcar formas de terapia individual, familiar y grupal.<br />Reunirnos con otra gente que ha pasado o esta pasando por dificultades similares a las nuestras puede ser de gran ayuda. De lo contrario, es muy fácil caer en el aislamiento y creer que uno es lo único en el mundo que se siente y actúa de esa manera. Ser parte de un grupo nos brinda una red de contención importante, nos da la posibilidad de compartir la experiencia sin culpa, sentirnos aceptados y comprendidos y ayudar a otros.<br />En las fases iniciales al tratamiento hay una clase de grupos llamados “psico-educativos” donde podemos sacarnos las duda y recibir información para responder preguntas como:<br />•    ¿Por que desarrollé este problema?<br />•    ¿Cómo puedo salir de esto?<br />•    ¿Es posible comer y no engordar?<br />También se desarrolla el autoconocimiento y el descubrimiento de recursos personales para ir resolviendo los problemas propios de cada una.<br />“A mí el grupo psicoeducativo me sirvió para tener conocimiento de lo que era un trastorno del comer desde los ángulos. Saber por que te pasaba, tomar conciencia de los riesgos que corrías si no parabas. Y también, el aprendizaje de cómo ir saliendo, que podes hacer mientras todavía tenes atracones. Además me ayudó mucho estar con otras chicas que les pasaba los mismos que a mí. Compartir mis miedos y dudas con ellas me ayudó a salir.”<br />También hay grupos psicoterapeuticos donde podemos trabajar en la resolución de problemas personales o de relación con los demás como los que mencionamos al comienzo y que de no encararlos afectarían probablemente nuestra recuperación.<br />“… es que generalmente hay cosas mas allá de la comida. Uno no se da cuenta hasta que no para con el “rollos” del cuerpo o la comida que tapa todo. Cuando empezáis a estar bien con la comida, igual estas mal con otras cosas. En el grupo de terapia, puede trabajar sobre los atores externos que me ponían ansiosa y que me llevaban a comer aunque el cuerpo no me lo pidiera. Aprender como regularme para mi fue clave, porque tengo problemas reales, pero no es modo de resolverlos comiendo y vomitando.”<br />Algunos de nosotros podemos necesitar un apoyo individual para abordar estos mismos temas  para nuestras familias se vuelve fundamental obtener orientación para manejar los problemas que se presentan durante el tratamiento: algunos pueden anteceder al comienzo del trastorno del comer, e incluso haber contribuido a producirlo; muchos son efecto de lidiar con una situación así durante tanto tiempo.</p>
<p>Medicación<br />La utilización de medicación puede resultar de utilidad en ciertas ocasiones para ayudarnos a atravesar momentos particularmente difíciles, a manejar ciertos síntomas insidiosos u otros problemas que pudieran estar relacionados con el trastorno del comer. La elección del fármaco adecuado depende de gran medida de cada persona y sólo puede ser formulada por el médico que es quién regula las dosis y la conveniencia de mantener, disminuir o suspender el uso.<br />La medicación no hace milagros ni puede reemplazar aquello que sólo sé lora cuando hay ganas de estar mejor, y por lo mismo es importante que sea parte de un programa terapéutico amplio.</p>
<p>Familiares y amigos<br />Como familiares o amigos podemos hacer mucho por alguien que esta sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria, aunque al principio sea difícil imaginar la salida.<br />La preocupación por la salud de la persona que queremos nos puede llevar a presionarla demasiado para que acepte ayuda. Las confrontaciones se vuelven permanentes y lo único que logran es aumentar la resistencia. Es preciso tratar de entender que las conductas que nos parecen sin sentido o sumamente perturbadoras, son parte de otras dificultades más amplias de su vida, y se han vuelto para la persona que queremos, un modo de afrontarlas.<br />Es bastante normal como padres, familiares o amigos, sentirnos responsables, culpables, tristes y/o enojados. Pero recordemos que nadie “elige” tener un trastorno de la conducta alimentaria. Ninguna persona o acto ha sido “causante” de esto, y los que estamos cerca podemos colaborar mucho en el proceso de recuperación.<br />Es importante estar preparados porque no tos los procesos son iguales, y a menudo el cambio es lento y con oscilaciones.<br />Una persona con trastornos de la conducta alimentaria, aunque a veces parezca lo contrario, suelen tener muchos miedos de ser independiente y de asumir nuevas responsabilidades. Alentar la iniciativa, independencia y autonomía de la persona que queremos, darle confianza para que encuentre sus propios valores, ideales, y apoyarla en el desarrollo de sus proyectos, es parte fundamental del proceso de cambio. Pero también debemos cuidar que nuestra vida no gire exclusivamente en torno a la problemática de nuestro ser querido. Es necesario preocuparnos por nosotros mismos, mantener nuestros amigos e intereses, y encontrar tiempo para hacer lo que nos gusta. Y si vemos que nos resulta demasiado difícil, tenemos que recordar que podemos pedir ayuda y orientación para nosotros mismos.</p>
<p>“El camino de la recuperación implica un trabajo continuo y el trabajo sobre uno mismo es muy duro, pero vale la pena, porque todos los que sufrimos esta enfermedad dejamos de vivir y nos hacemos esclavas de una torta o una hamburguesa: ellas van a determinar nuestro humor cada día.<br />Ahora mientras recuerdo, pienso en todos esos años y me angustia darme cuenta de todo el tiempo que se me fue sin haber vivido, sufriendo (porque se sufre muchísimo), pero me consuela saber que encontré ayuda, que me encontré a mi misma, y que la salida es posible.”</p>
<p>Síntomas del comportamiento<br />•    Rechazo voluntario de los alimentos con muchas calorías <br />•    Preparación de los alimentos solo por cocción o a la plancha <br />•    Disminución notable de la ingestión de líquidos <br />•    Conductas alimentarias extrañas como cortar los alimentos en pequeños trozos <br />•    Disminución de las horas de sueño con el pretexto de estudiar <br />•    Mayor irritabilidad <br />•    Aumento de la actividad física para incrementar el gasto energético"1 <br />•    "Uso de laxantes y diuréticos <br />•    Vómitos autoinducidos aislamiento social <br />•    Aislamiento social <br />•    Uso compulsivo de la balanza<br />•    Trastornos severos de la imagen corporal <br />•    Manifiesta negación a las sensaciones del hambre fatiga y sueño <br />•    Miedo o pánico a subir de peso <br />•    Negación parcial o total de la enfermedad"3 <br />•    Dificultad de concentración y aprendizaje <br />•    Desinterés social <br />•    Temor a perder el auto control <br />•    Afloramiento de estados depresivos y obsesivos <br />•    Desinterés por las actividades lúdicas o el tiempo libre"4<br />Síntomas físicos<br />•    "Perdida notable de peso, fatiga, piel seca y descremada <br />•    Pelo quebradizo y lanudo (cabellos finos) <br />•    Vértigo y dolor de cabeza <br />•    Deshidratación <br />•    Amenorrea (perdida de la menstruación) <br />•    Arritmias y bradicardias <br />•    Hipotermia (pies finos y fríos)"5 <br />•    "Osteoporosis <br />•    Insomnio <br />•    Infertilidad <br />•    Alteraciones dentales <br />•    Estreñimiento <br />•    Edema (retención del agua) <br />•    Daños renales hepáticos <br />•    Infartos y muerte en casos muy graves <br />•    Hipertrofobia parotidea</p>
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    <title>Trastornos del comer: Anorexia y Bulimia</title>
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    <published>2008-11-08T17:59:34-05:00</published>
    <updated>2008-11-08T17:59:34-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Dietas y nutrición" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Trastornos del comer: Anorexia y Bulimia</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Trastornos del comer: Anorexia y Bulimia<br />La comida es una parte esencial de nuestras vidas: la necesitamos para sobrevivir. Cuando nos encontramos bajo estrés, nuestro apetito y la forma en que vemos a la comida muchas veces se ven afectados. Podemos perder el interés en comer, podemos comer más de lo usual o anhelar intensamente cierto tipo de comidas. Elegí este tipo de enfermedades ya que son las más comunes en la sociedad en la que vivimos y se dan mas frecuencia en gente de mi edad. Comúnmente todo  esto se pasa cuando se resuelven las dificultades y nuestra vida retorna a la normalidad.<br />Sin embargo, para algunos de nosotros la comida puede convertirse en una preocupación abrumadora hasta el punto de terminar dominando nuestras vidas. Es posible llegar a un memento en el que sólo pensemos en la comida, aún cuando podamos “controlarnos” hasta el pinto de evitar comer y aún cuando tratemos de “satisfacernos” comiendo y comiendo.<br />Los trastornos de la conducta alimentaria<br />Es muy común que las personas –especialmente las mujeres- se encuentren insatisfechas con su peso y su figura. Desde los medios de comunicación, la presión es constante para que creamos que “flaco” significa lindo, exitosos, feliz y “gordo” significa “poco atractivo e indeseable”.<br />Además recibimos más y más consejos acerca de que tipo de comida es buena para nosotros y como debe ser nuestra figura, por lo que no es raro que muchos estemos cada vez más pendiente de nuestra apariencia o de lo que comemos.<br />Pero quien sufre un trastorno de la conducta alimentaria se da cuenta que su vida comienza a girar alrededor de la comida, planeando que va a comer, como evitar comer, o como compensar lo que ha comido. Esta preocupación por la comida puede parecer la única forma de manejar el estrés o la incertidumbre, provocándose una gran confusión.<br />“Acababa de dejar la universidad, no tenía trabajo y me sentía a la deriva en el océano. Me sentía asustada y sin posibilidad de ayuda. Lo único que podía controlar era mi propio cuerpo y lo que comía. Esto se convirtió en algo cada vez más importante. Era lo único que me hacía sentir segura.”<br />Aunque este comportamiento puede ayudarnos por un tiempo, a la larga sólo genera mayor malestar. No solo porque podemos provocar un daño real a nuestro cuerpo, sino también porque inevitablemente nos invaden sentimientos de ansiedad y culpa por comer.<br />“Realmente me odio por lo que estoy haciendo. Tengo atracones uno tras otro y luego dejo de comer por días para compensar, y termino nuevamente con atracones, y no se como salir de esto. Mi vida gira alrededor de la comida, soy un fracaso en todo, estoy cada vez mas deprimida.”<br />Los trastornos del comer afectan también a los varones aunque en menor escala, porque la presión de esta estética particular esta mas dirigida hacia las mujeres. Cuando el peso disminuye mucho u oscila contantemente a causa de las dietas:<br />Nuestro cuerpo puede sufrir daños internos por la pérdida excesiva de peso y de las sustancias que el organismo necesita.<br />Podemos volvernos muy sensibles a temperaturas extremas.<br />Podemos sentirnos débiles y con muy poca resistencia para llevar el ritmo diario de nuestras actividades.<br />En el caso de las mujeres, el ciclo menstrual puede verse afectado.<br />Nuestro ritmo habitual de sueño puede verse perturbado.<br />Podemos sentirnos deprimidos o decaídos, o muy irritables y con cambios constantes en nuestro humor.<br />Los trastornos más comunes de la conducta alimentaria son: la anorexia nerviosa,  la bulimia nerviosa y el comer compulsivo.<br />Los elementos más comunes a todos ellos, cuya presencia es imprescindible para su diagnóstico, son:<br />•    La preocupación extrema por el peso y la imagen corporal<br />•    Las prácticas reiterativas de control de peso.</p>
<p>La Anorexia Nerviosa<br />Esta forma de trastorno del comer es más común entre mujeres adolescentes o jóvenes en el umbral de la adultez, aunque puede afectar a personas de diferentes edades. También varones jóvenes parecen cada más propensos a sufrirla.<br />No debemos confundirnos y considerar a la anorexia nerviosa como una forma excesiva de delgadez y nada más. Es mucho más que eso.<br />Nuestra adolescencia es un memento de crecimiento y cambios. La vida puede parecernos amenazante y muy incierta. Podemos sentirnos presionados por exigencias y expectativas nuestras o de nuestros padres:<br />•    Intelectuales, porque tenemos que dar pasos que implican decisiones sobre nuestro futuro y enfrentarnos con pruebas importantes.<br />•    Emocionales, porque empezamos ciclos nuevos que nos llevan a una mayo autonomía e independencia de nuestras familias.<br />•    Sociales, porque elegimos  nuestras amistades y somos elegidos, y eso implica otro tipo de compromiso y de riesgo a nivel afectivo.<br />•    Sexuales, porque cambia nuestro cupo y comienza la exploración y el descubrimiento de nuestras necesidades físicas en las relaciones cercanas.</p>
<p>No es fácil comprender lo que nos pasa, darse tiempo para transitarlo, pedir ayuda. Pero la comida parece como un área que creemos que podemos controlar. Empujar nuestros cuerpos al límite y sobrevivir cada día con menos alimento, nos produce una gran sensación de poder. Y resistir a los esfuerzos que hacen las personas cercas que se preocupan por lo poco que comemos, también aumenta nuestra sensación de estar en control de la situación.<br />“Me volví realmente engañosa: decía que acababa de comer o que iba a comer en otro lado, o que tenía dolor de estómago, de cabeza… decía que prefería quedarme en casa, y lo que me aterraba era ir a un lugar en que sabía que iba a haber comida… decía que no estaba o que no tenía ganas de hablar y lo que no quería era enfrentar a mis amigos preocupados por mi”.<br />Y lo más grave es que gradualmente la forma de verse a sí mismo se distorsiona: Aunque los demás nos dicen que estamos extremadamente flacos –incluso peligrosamente-, nosotros nos percibimos hinchados y gordos en algunas partes o todo el cuerpo, y una galletita extra o el mínimo aumento de peso nos lleva al pánico y a reforzar nuestra restricción, con el consiguiente aumento de riesgo de vida.</p>
<p>La Bulimia Nerviosa<br />Esta forma de trastorno del comer es menos evidente que la anorexia nerviosa, porque el aspecto exterior no se modifica tanto. Las persona que nos rodean puede no darse cuenta de nuestro malestar, porque presentamos no tener problemas para encarar la vida y solemos parecer felices y confiados cuando en verdad nos sentimos muy distinto. <br />Mientras estamos sufriendo de bulimia nerviosa, nos ponemos a menudo muy inseguros y tenemos mucho miedo de no alcanzar lo que se espera de nosotros. Eso nos vuelve más vulnerables en  una etapa de incertidumbre y cambios.<br />“Siempre fui muy delgada, pero en segundo año empecé a engordar. Me habían cambiado de escuela, había problemas económicos en casa y de todo tipo, nadie tenía que darse cuente de lo mas que yo estaba, aunque yo no toleraba ni a mi familia, ni a mi cuerpo”.<br />A veces podemos necesitar desesperadamente ser aceptados por parte de los que nos rodean y empezamos a creer que si cambiamos nuestro cupo, vamos a lograrlo.<br />Cuando empezamos a manipular nuestro cuerpo, se distorsiona la función de alimentarse, y el comer puede empezar a presentarse como la única forma de satisfacer la ansiedad y de despejar las incertidumbres propias del momento de cambio. Al comenzar el día nos proponemos no comer nada para lograr la figura que será aceptada por todos, pero antes de terminarlo nos encontramos comiendo grandes cantidades de comida (generalmente en privado) para luego intentar deshacernos de ella vomitando o tomando laxantes, o haciendo ejercicio en forma excesiva, llenos de culpa y disgusto.<br />“No comía durante todo un día o tomaba yoghurt o una manzana y, por la noche, vaciaba la heladera. El tema de la comida ocupaba el 99% de mi tiempo y de mi mente. Me sentaba a estudiar, y pensaba: “¿que cenaré esta noche?” ¡Imposible concentrarme! Me iba pésimo en la Facu”.<br />La sensación es la de estar atrapado en un circuito infernal. No vemos la salida, nos sentimos avergonzados e involucrados en una forma caótica de vida. Cada vez nos apartamos mas de las otras personas, y ese aislamiento sólo nos confirma que somos indeseables y poco atractivos.</p>
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    <title>Mala Nutrición y sus consecuencias</title>
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    <published>2008-11-08T17:57:23-05:00</published>
    <updated>2008-11-08T17:57:23-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Dietas y nutrición" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Mala Nutrición y sus consecuencias<br />Una mala nutrición es causada por una insuficiencia o exceso de uno o más nutrientes en la dieta. Una persona corre riesgo de malnutrición si la cantidad de energía y/o nutrientes de la dieta no satisface sus necesidades nutricionales.</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Mala Nutrición y sus consecuencias<br />Una mala nutrición es causada por una insuficiencia o exceso de uno o más nutrientes en la dieta. Una persona corre riesgo de malnutrición si la cantidad de energía y/o nutrientes de la dieta no satisface sus necesidades nutricionales.<br />La obesidad, o sea la acumulación de un exceso de grasa corporal, es una forma grave de malnutrición y ha llegado a constituir un problema de proporciones epidémicas en las sociedades ricas de los países industrializados. El peso excesivo impone una carga extra al corazón y puede causar cardiopatía grave y otros trastornos. Las personas obesas generalmente mueren a menor edad que las de peso normal. Según estadísticas de las compañías aseguradoras, los varones con 20% de o más de sobrepeso tienen mayor riesgo de morir por cardiopatía (43%), hemorragia cerebral (53%) y diabetes (133%) que los que tienen peso normal. Un hombre con 20% de sobrepeso tiene 30 % mayor probabilidad de morir antes de la edad de jubilación que si su peso fuera normal. Y, sin embargo, un tercio de la población trabajadora en estados unidos tiene sobrepeso de 25% o más.  <br />La obesidad puede resultar de un incremento en el tamaño o el número de adipocitos (células adiposas)m i ambas cosas. Al parecer, el número de adipocitos en el adulto es determinado principalmente por la cantidad almacenada durante la lactancia y la infancia. Cuando lactantes o niños pequeños son alimentados en exceso, se forman cantidades anormalmente grandes de adipocitos. Mas tarde en la vida estas células pueden llenarse de un exceso de lípidos o encogerse, pero siempre están presentes. Se piensa que las personas con tales cantidades aumentadas de adipocitos son más susceptibles a la obesidad que aquellas que tiene cantidades de normales.<br />La mayoría de las personas con sobrepeso comen en exceso debido a una combinación de malos hábitos alimentarios y factores psicológicos. Cualesquiera que sean las causas subyacentes, comer excesivamente es la única forma de hacerse obeso. Aunque la retención de líquidos incrementa el peso corporal, no influye en la acumulación de grasa; los excesos de agua pueden reducirse con mayor rapidez y facilidad que los de grasa. Por cada 9.3 kcal (kilocaloría). De alimento en exceso ingerido, se almacena 1 gramo de agua. (Un alimento en excesos aproximado de 140 kcal/día durante un mes significa una ganancia de peso de medio kilogramo.) <br />Dado que muchas personas tiene exceso de peso, las dietas han venido a constituir una industria multimillonaria de dólares que incluye alimentos especiales,  formulaciones de complementos, píldoras, libros, clubes, aparatos para adelgazar e incluso procedimientos quirúrgicos como el engrapado del estómago y la inserción dentro de éste de burbujas de plástico. Por desgracia, la obesidad no tiene una cura mágica. La única forma segura (y sana) de perder peso es restringir la ingestión de alimento (energía) de modo que sea menor que la salida de energía. Esto obliga a organismo a tomar de sus depósitos de grasa las calorías faltantes, y dado que la grasa se moviliza y quema, el peso  corporal disminuye. Esto puede lograrse mejor mediante una combinación de aumento en el ejercicio y disminución de la ingestión calórica (para personas moderadamente obesas se recomienda una dieta de con 1000 a 1500 kcal). La mayoría de los nutricionistas concuerdan en que la mejor dieta reductiva es una bien balanceada que aporte calorías, principalmente en la forma de carbohidratos complejos.<br />Debido a que la obesidad está considerada por muchos como una alteración en los hábitos alimenticios de quienes la padecen, hay terapias que tratan de modificar este comportamiento patológico. Se enseña a los pacientes a comer sólo en determinados momentos del día o en lugares específicos, a comer despacio, y a llevar relación escrita de los alimentos ingeridos. Sólo un 15% de los pacientes así tratados consiguen una pérdida de peso aceptable y mantenida.<br />Mientras que millones de personas comen demasiado, muchas otras no tienen suficiente que comer o no reciben una alimentación balanceada. Incluso individuos con peso excesivo pueden estar malnutridos, las personas que sufre malnutrición suelen estar débiles, fatigarse con facilidad y ser muy susceptibles a infecciones. Por lo común tienen deficiencia de aminoácidos esenciales, hierro, calcio y vitamina A. Se estima que unos 250000 niños quedan permanentemente ciegos cada año debido a deficiencia de vitamina A en su alimentación..<br />De todos los nutrientes requeridos, los aminoácidos esenciales son los mas a menudo deficientes en la alimentación. Millones de personas sufren problemas de salud y presentan menor resistencia a las enfermedades debido a deficiencia  proteínica. El desarrollo físico y mental de los niños se retarda cuando los componentes esenciales formadores de las células no son aportados en la alimentación. Dado que su organismo no puede producir anticuerpo (que son proteínas) y células necesarios para combatir la infección, enfermedades de la infancia comunes como sarampión, tos ferina y varicela a menudo son fatales en niños con malnutrición proteínica.<br />En niños pequeños, la malnutrición proteínica grave da por resultado un trastorno llamado “kwashiorkor”. Este término, una palabra africana que significa “primero-segundo”, se refiere a la situación en la cual un primer hijo es desplazado del pecho de la madre cuando nace un hermano menor. El primero recibe entonces una alimentación deficiente en proteínas a base de cereal amiláceo o mandioca. El crecimiento se suspende, los músculos se emacian, se produce edema (observado en el abdomen protuberante), el niño se torna apático y anémico, y resulta trastornado el metabolismo. Dado que las encimas digestivas mismas no pueden ser producidas sin proteína que se ingiere no se digiere. Se producen deshidratación y diarrea, que a menudo causan la muerte.<br />En los países desarrollados, las consecuencias de llevar una dieta muy baja en energía se da en personas que sufren de anorexia nerviosa: enfermedad que se caracteriza por el miedo intenso a ganar peso y por una imagen distorsionada del propio cuerpo (dismorfofobia). Conduce a un grave adelgazamiento debido a una dieta exagerada y a un exceso de ejercicio. Se presenta habitualmente en adolescentes, especialmente en las mujeres. La enfermedad produce alteraciones en los ciclos hormonales, una inmunodepresión con aumento del riesgo de infecciones, y aproximadamente entre el  5 y el 18% de los anoréxicos muere por desnutrición. Los pacientes también padecen a menudo bulimia: Se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva seguidos de provocación del vómito, uso de laxantes, dietas exageradas y/o abuso del ejercicio para controlar el peso. produce a veces, debido a los vómitos provocados, son problemas gastrointestinales e hipopotasemias (concentraciones bajas de potasio en sangre) graves, así como lesiones en los dientes debido a la acidez de los vómitos. Para tratar la enfermedad se utilizan diversas terapias de grupo y terapias de condicionamiento. Los antidepresivos pueden también ser efectivos, pues muchos de los bulímicos sufren también depresión.</p>
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    <title>Subtipos de receptores</title>
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    <published>2008-11-07T17:53:23-05:00</published>
    <updated>2008-11-07T17:53:23-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Medicina" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Subtipos de receptores</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Subtipos de receptores<br />Un ligando L puede ejercer una gran variedad de efectos fisiológicos y farmacológicos en función de los diversos sistemas (órganos y tejidos) en los que actúe. Si se demuestra que algunas de estas acciones son imitadas selectivamente por un grupo A de fármacos de su misma familia, y otras acciones lo son por otro grupo B de congéneres, puede sugerirse que L y las sustancias A actúan sobre un subtipo de receptor distinto del que ocupan, en el segundo caso, el propio L y sus congéneres B. El hallazgo de antagonistas selectivos para unos y otros efectos confirma la existencia de dichos subtipos (p. ej., receptores muscarínicos y nicotínicos de la acetilcolina).<br />Sin embargo, la diferenciación funcional de subtipos de receptores se realiza con mayor seguridad mediante el análisis del rango de potencia de agonistas y antagonis- <br />10 Farmacología humana<br />100<br />50<br />0<br />11 10 9 8 7 6 5<br />% Fijación de 3H[5-HT]<br />K1(nM)<br />—————<br />A = 0,6<br />B = 1,5<br />C = 29,9<br />D = &gt; 3.000<br />A B C D<br />– log [M]<br />Fig. 2-3. Inhibición producida por los productos A, B, C y D<br />sobre la fijación del ligando 5-HT a un receptor. Las curvas de<br />desplazamiento corresponden a la existencia de ligandos que<br />compiten por la fijación con afinidades diferentes (v. valores<br />de Ki). (De Pazos A, Palacios JM. Brain Res 1985; 346:205-230,<br />con autorización.)<br />tas. Cuando un grupo de agonistas de una misma familia<br />mantiene un orden de potencia determinado en relación<br />con algunas respuestas (A) y un orden distinto de potencia<br />en relación con otras (B), se puede afirmar que las respuestas<br />A dependen de un subtipo de receptor distinto<br />del activado para provocar las respuestas B. De igual<br />forma, la existencia de un orden diferente de potencia<br />para una serie de antagonistas en diversas respuestas indica<br />la existencia de diversos subtipos de receptores<br />(p. ej., receptores a-adrenérgicos y b-adrenérgicos).<br />Además de su demostración por métodos funcionales,<br />también es posible poner de manifiesto la existencia de<br />subtipos de receptores mediante los estudios de fijación<br />de radioligandos. En este caso, cuando el orden de afinidades<br />(Ki) mostradas por diversos fármacos agonistas y/o<br />antagonistas en curvas de competición es diferente en<br />función del sistema o tejido analizado, se puede hablar<br />de subtipos de sitios de fijación. El orden de Ki debe, en<br />principio, concordar con el orden de potencia encontrado<br />en estudios funcionales.</p>
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    <title>Sitios de fijación y estados de actividad del receptor</title>
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    <published>2008-11-07T17:51:00-05:00</published>
    <updated>2008-11-07T17:51:00-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Medicina" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Sitios de fijación y estados de actividad del receptor</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Sitios de fijación y estados de actividad del receptor</p>
<p>Por definición, tanto los fármacos agonistas como los antagonistas se fijan a un mismo receptor, por cuya ocupación deben competir. Sin embargo, existen diferencias entre las propiedades de la unión de los agonistas y los antagonistas, tanto en lo que se refiere a la afinidad como a la influencia de otros factores: en muchos casos la fijación de los agonistas al receptor, estudiada mediante radioligandos, es modificada por la presencia o la ausencia de diversos iones (en particular, cationes monovalentes y divalentes) y de nucleótidos de guanina. Por el contrario, la fijación de antagonistas no se modifica en función de la presencia de estos elementos. Además, la unión de los agonistas a su receptor es más sensible a las modificaciones de temperatura que la de los antagonistas. Estas diferencias reflejan la singularidad de la unión del agonista a su receptor, en tanto que va a originar la respuesta bioquímica final.<br />Asimismo, el estudio experimental de la interacción ligando- receptor revela a menudo la existencia de dos sitios de fijación para un mismo receptor, uno de alta afinidad y otro de baja afinidad, por los cuales el agonista y el antagonista pueden mostrar diferentes capacidades de fijación, lo que plantea la complejidad de la competencia entre ambos fármacos.<br />Los agonistas reconocen de forma bastante selectiva los sitios de alta afinidad, que son los que están directamente implicados en la respuesta funcional, en tanto que los antagonistas tienden a ocupar ambas poblaciones de sitios (alta y baja afinidad).<br />Se ha propuesto que la existencia de estas poblaciones obedece a diversas conformaciones del receptor. El antagonista<br />no ocupa necesariamente el mismo sitio que el agonista en la molécula receptora.<br />El modelo de sitios de alta y baja afinidad se ha desarrollado para aquellos receptores cuyo mecanismo de generación de respuesta se relaciona con la asociación a una proteína G. Las características detalladas de estos mecanismos de transducción se estudian en el capítulo 3. Hasta cierto punto se puede generalizar el modelo asumiendo la existencia de dos posibles estados del receptor, activo e inactivo (conformación abierta y cerrada de un canal, estado de acoplamiento o de desacople a proteína G). Las posibilidades de desarrollo de este modelo y las perspectivas farmacológicas que abre se exponen con cierto detalle más adelante</p>
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    <title>Concepto de fármaco agonista y antagonista</title>
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    <published>2008-11-07T17:48:14-05:00</published>
    <updated>2008-11-07T17:48:43-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Medicina" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Concepto de fármaco agonista y antagonista</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Concepto de fármaco agonista y antagonista<br />El mero hecho de que un fármaco interactúe específicamente y con elevada afinidad con un receptor no es motivo suficiente para que, de dicha interacción, surja una acción farmacológica. Para que ello ocurra es preciso que el fármaco tenga el poder de modificar la molécula receptora en la forma necesaria a fin de que se desencadene un efecto. La capacidad del fármaco para modificar el receptor e iniciar una acción es lo que define su eficacia. El fármaco que presenta esta característica es denominado agonista y el que no la presenta, es decir, que se une al receptor, pero no lo activa, antagonista. Con frecuencia, pequeños cambios en la estructura de un fármaco modifican su eficacia; por esta razón, dentro de una familia farmacológica, unos pueden tener propiedades agonistas y otros, antagonistas.</p>
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    <title>Interacción entre el fármaco (ligando) y su receptor</title>
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    <published>2008-11-05T18:39:48-05:00</published>
    <updated>2008-11-05T18:40:29-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Medicina" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Interacción entre el fármaco (ligando) y su receptor<br />Mecanismo de la interacción<br />Los dos requisitos básicos de un receptor farmacológico<br />son la afinidad elevada por «su» fármaco, con el que se fija<br />aun cuando haya una concentración muy pequeña de fármaco,<br />y la especificidad, gracias a la cual puede discriminar<br />una molécula de otra, aun cuando sean parecidas.</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Interacción entre el fármaco (ligando) y su receptor<br />Mecanismo de la interacción<br />Los dos requisitos básicos de un receptor farmacológico<br />son la afinidad elevada por «su» fármaco, con el que se fija<br />aun cuando haya una concentración muy pequeña de fármaco,<br />y la especificidad, gracias a la cual puede discriminar<br />una molécula de otra, aun cuando sean parecidas.<br />La especificidad con que un fármaco o ligando se une<br />a su receptor permite analizar las características de su fijación<br />mediante técnicas de marcaje radiactivo del ligando.<br />De este modo se consigue detectar su localización<br />en tejidos, células y estructuras subcelulares, cuantificar<br />su densidad, precisar la afinidad entre fármaco y receptor,<br />intentar su aislamiento, purificación y cristalización<br />y analizar su estructura.<br />La afinidad se debe a la formación de enlaces entre fármaco<br />y receptor; el más frecuente es el iónico, pero puede<br />reforzarse con otros enlaces: fuerzas de van der Waals,<br />puentes de hidrógeno o interacciones hidrófobas. Excepcionalmente<br />se pueden formar enlaces covalentes que<br />son los más firmes y que suelen originar interacciones<br />irreversibles. En general, la fijación de un fármaco A a su<br />receptor es de carácter reversible, por lo que puede aplicarse<br />la fórmula:<br />k1<br />A + R AR<br />k2<br />donde A = moléculas de fármaco, R = número de receptores<br />libres, AR = complejo fármaco-receptor o número<br />de receptores ocupados, y k1 y k2 son las respectivas constantes<br />de la velocidad de formación y desintegración del<br />complejo. En equilibrio, las velocidades de formación y<br />disociación son iguales:<br />[A] · [R] · k1 = [AR] · k2, por lo que:<br />[A] · [R] k2 ———— = —— = KD<br />[AR] k1<br />KD es la constante de disociación en equilibrio y su inversa<br />es la constante de asociación en equilibrio (KA);<br />cuando la mitad de los receptores están unidos al fármaco,<br />es decir, cuando [R] = [AR],<br />KD = [A]<br />Puesto que el número total de receptores [Rt] = [R] +<br />[AR], sustituyendo en [1] tendremos:<br />[A] [Rt] – [A] [AR] = KD · [AR], y<br />[A] [Rt] = [AR] [[A] + KD];<br />por lo tanto,<br />[AR] [A]<br />—–— = —————, [2]<br />[Rt] [A] + KD<br />o bien<br />[Rt] [A]<br />[AR] = ————— [3]<br />[A] + KD<br />Cuando [A] = KD, entonces<br />[Rt]<br />[AR] = –——,<br />2<br />es decir, la concentración de fármaco necesaria para fijarse<br />a la mitad de los receptores es igual a la constante<br />de disociación. Como su inversa es la afinidad, cuanto menor<br />sea esta concentración, mayor será la afinidad de fijación.<br />La afinidad de un fármaco por su receptor tiene<br />que ser alta, con valores acordes con los rangos de concentración<br />alcanzados por ese fármaco en los tejidos. La<br />velocidad de asociación es sensible a la temperatura: a<br />temperaturas bajas la velocidad desciende notablemente.<br />2.2. Representación gráfica<br />Las características de la fijación de un fármaco a sus<br />receptores se estudian mediante cuantificación del número<br />de moléculas marcadas y dotadas de actividad específica<br />que se fijan a un tejido. Ello permite analizar la<br />afinidad del fármaco por sus receptores y precisar el número<br />de receptores. En efecto, si a la concentración de<br />fármaco fijado [AR] se la denomina B, a la concentración<br />total de receptores [AR] + [R] se la designa Bmáx y a la<br />concentración de A libre (no unido a receptores) se la denomina<br />F, de acuerdo con la ecuación [3]:<br />Bmáx [F]<br />[B] = ————— [4]<br />KD + [F]<br />Esta ecuación origina una hipérbola rectangular<br />cuando el eje de ordenadas es el fármaco fijado y el de</p>
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    <title>RECEPTORES FARMACOLÓGICOS</title>
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    <published>2008-11-05T18:37:41-05:00</published>
    <updated>2008-11-05T18:37:41-05:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Medicina" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>RECEPTORES FARMACOLÓGICOS</p>
<p>Definición y funciones<br />Cuando se define un fármaco como una sustancia capaz<br />de modificar la actividad celular, se está afirmando<br />que el fármaco no origina mecanismos o reacciones desconocidos<br />por la célula hasta entonces, sino que se limita<br />a estimular o a inhibir los procesos propios de la célula.</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>RECEPTORES FARMACOLÓGICOS</p>
<p>Definición y funciones<br />Cuando se define un fármaco como una sustancia capaz<br />de modificar la actividad celular, se está afirmando<br />que el fármaco no origina mecanismos o reacciones desconocidos<br />por la célula hasta entonces, sino que se limita<br />a estimular o a inhibir los procesos propios de la célula.<br />Para ello, el fármaco primero debe asociarse a moléculas<br />celulares con las cuales, y en razón de sus respectivas<br />estructuras moleculares, pueda generar enlaces de<br />unión que casi siempre son reversibles. Si la unión es muy<br />intensa o el fármaco provoca grandes modificaciones en<br />la molécula aceptora, puede hacerse irreversible.<br />Teóricamente, existen en los diversos órganos subcelulares<br />innumerables moléculas con radicales capaces de<br />asociarse al fármaco y formar un complejo. Con toda probabilidad,<br />muchas de estas asociaciones no originan respuesta<br />celular alguna: porque la molécula celular aceptora<br />no es modificada por la molécula farmacológica en<br />una forma que pueda repercutir sobre el resto de la célula<br />o bien porque la función de la molécula aceptora del<br />fármaco no es suficientemente importante para operar<br />un cambio objetivable en la vida celular. Son sitios de fijación<br />inespecífica.<br />Pero el fármaco se une también a otro tipo de moléculas<br />que, una vez modificadas por él, originan cambios<br />fundamentales en la actividad de la célula (equilibrio<br />iónico, fenómenos de carácter metabólico, etc.) ya sea en<br />el sentido de estimulación o en el de inhibición. Las diversas<br />acciones de los fármacos se producen por estas<br />modificaciones celulares. Las moléculas con que los fármacos<br />son capaces de interactuar selectivamente, generándose<br />como consecuencia de ello una modificación<br />constante y específica en la función celular, se denominan<br />receptores farmacológicos.<br />Entre las moléculas celulares con potencial capacidad<br />de comportarse como receptores farmacológicos se encuentran,<br />lógicamente, aquéllas dotadas en particular<br />para mediar la comunicación intercelular, es decir, los receptores<br />que reciben la influencia de sustancias endógenas,<br />como los neurotransmisores y cotransmisores, los<br />neuromoduladores, las hormonas y otros mediadores endógenos<br />que, liberados por una célula, tienen capacidad<br />de influir sobre la actividad de otra. Todas estas sustancias<br />codifican la señal que han de transmitir a través de<br />su receptor.<br />Los receptores son estructuras macromoleculares de<br />naturaleza proteica, asociadas a veces a radicales lipídicos<br />o hidrocarbonados, que se encuentran localizados en<br />gran número en las membranas externas de las células,<br />en el citoplasma y en el núcleo celular. Entre las respuestas<br />funcionales que los receptores pueden desencadenar<br />destacan:<br />a) Modificaciones de los movimientos de iones y,<br />como consecuencia, de los potenciales bioeléctricos, en<br />cuyo caso el receptor suele estar ligado a canales iónicos.<br />b) Cambios en la actividad de múltiples enzimas,<br />cuando el receptor está conectado a estructuras membranosas<br />o intercelulares capaces de mediar reacciones<br />químicas, como fosforilación de proteínas, hidrólisis de<br />fosfoinosítidos, etc.<br />c) Modificaciones en la producción y/o la estructura<br />de diversas proteínas, en el caso de receptores con capacidad<br />de modificar los procesos de transcripción y síntesis<br />proteicas.<br />La generación de la respuesta de un fármaco debida a<br />la activación de su receptor requiere la puesta en marcha<br />de un mecanismo efector que suele originar, como ya se<br />ha señalado, un cambio en el flujo de un ion o en el nivel<br />de un «segundo mensajero» químico. El receptor presenta,<br />por lo tanto, dos funciones fundamentales: unir al<br />ligando específico y promover la respuesta efectora. Las<br />consecuencias moleculares de las interacciones con los receptores<br />más importantes se analizarán en el capítulo 3.<br />La mayoría de los fármacos actúan mediante la unión<br />a receptores específicos que poseen estas características<br />y comparten las propiedades que se describen a continuación.<br />Sin embargo, existen fármacos cuyos efectos se<br />producen en virtud de su interacción con elementos intracelulares<br />y extracelulares difíciles de considerar receptores en sentido estricto, pero que se comportan como<br />elementos diana de fármacos. Dentro de este grupo se incluyen:<br />a) los fármacos que actúan inhibiendo la actividad<br />de diversas enzimas (p. ej., la ATPasa Na+/K+-dependiente<br />o la monoaminooxidasa); b) los quelantes, que<br />fijan diversos cationes; c) los fármacos que son análogos<br />estructurales de sustancias endógenas y que actúan como<br />falsos sustratos de enzimas (p. ej., los análogos de bases<br />púricas y pirimidínicas, con actividad antineoplásica), y<br />d) los que interfieren en la actividad de los transportadores<br />ligados a los sistemas de recaptación de los neurotransmisores.</p>
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    <title>Diccionario de política</title>
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    <published>2008-10-27T17:48:54-04:00</published>
    <updated>2008-10-27T17:49:43-04:00</updated>
    <author>
      <name>Editor</name>
    </author>
    <category term="Educación" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Diccionario de politica, Norberto Bobbio</p>
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    <content type="html"><![CDATA[<p>Diccionario de politica, Norberto Bobbio</p>
<p>Estado de bienestar</p>
<p>I. LA REVOLUCION INDUSTRIAL Y LA CUESTION OBRERA: El pasaje de un rédito per cápita de subsistencia a un rédito per cápita en continua expansión, el progreso científico y tecnológico, la organización racional del trabajo y la explosión demográfica han representado discontinuidades fundamentales en el desarrollo económico del sistema occidental. Tales discontinuidades, sintetizadas con la expresión “revolución industrial”, han producido lo que Karl Polanyi ha llamado “la gran transformación”, es decir la transición de la sociedad tradicional de base agrícola a la moderna sociedad industrial. El impacto de las fuerzas modernizantes sobre el modo de vida tradicional  ha sido trastornante: una verdadera “catástrofe cultural”. El avance del industrialismo y del mercado ha erosionado y despedazado importantes conjuntos de vínculos sociales, políticos y económicos; ha debilitado gravemente la cohesión interna de los grupos primarios; por fin ha trastornado el sistema consolidado de las creencias religiosas que garantizaba un mínimo de solidaridad entre las clases. Rápidamente la gran transformación ha generado en su fase inicial un gigantesco proceso de movilidad social que ha sido también un radical proceso de desarraigo: millones de individuos han sido arrancados de su hábitat sociocultural e inducidos en un nuevo sistema de relaciones -el mercado auto-rregulado- en el cual el sentido de pertenencia comunitaria y de solidaridad estaba amenazado por la despiadada lógica de la ganancia. El mercado autorregulado es inhumano: para él no existen hombres, valores morales, sentimientos, sino sólo mercancías. Por esto en el siglo XIX el avance del mercado ha coincidido con la agudización de todos los fenómenos patológicos de la vida social (alienación, anomia, etc.). La Gemeinschaft (comunidad) es sustituida por la Gesellschaft (sociedad), es decir por un sistema de relaciones puramente contractual, basado exclusivamente en el cálculo utilitarista de los costos y de los importes y sordo a cualquier consideración de orden moral. Los trabajadores comprometidos en el ciclo manufacturero fueron considerados como mera fuerza productiva , mercancía entre las mercancías. Nació de tal manera el “proletariado interno” de la civilización capitalista-burguesa; una masa de individuos despersonaliza-dos, carentes de raíces culturales y abandonados a sí mismos; una especie de “casta en exilio”; un grupo halógeno que se siente extraño a la sociedad y siente la sociedad extraña a sus específicas exigencias materiales y psicológicas. Las raíces profundas de la cuestión obrera se encuentran en el doloroso sentido de abandono que advierten los trabajadores comprometidos en el ciclo productivo del factory sistem más que en la penosidad del trabajo y en los bajos salarios. La nueva clase dominante -la burguesía capitalista-se desinteresa de la dirección política de las clases subalternas; ella sólo quiere utilizar su fuerza de trabajo, explotarlas, no ya gobernarlas. Y exige también que el estado no corrija las leyes del mercado puesto que ve en cualquier intervención dictada por consideraciones extraeconómicas un atentado a la “natural armonía” que se determina a través del libre juego de la oferta y la demanda. La filosofía que expresa la actitud fundamental de la burguesía frente a los problemas políticos y económicos es el laissez faire. El estado burgués es un estado que protege desde el exterior el mercado, que garantiza que las normas esenciales para el funcionamiento del sistema no sean violadas, que se abstiene de toda acción que pueda perturbar el mecanismo de la competencia. Por esto es un estado carente de sensibilidad social&gt; los costos de la gran transformación, que se vuelcan casi exclusivamente sobre la clase obrera, no son percibidos por él o son percibidos como naturales, inevitables, inmodificables. De tal modo en el seno de la sociedad capitalista el surco entre las clases integradas y las masas proletarizadas se hace cada vez más agudo al punto de preceder a una escisión vertical en el cuerpo social. No es casual que tanto el revolucionario Marx como el conservador Disraeli vean la crisis de civilización actuante en el 1800 como el encuentro frontal entre dos ciudades recíprocamente repulsivas: la de los haves y la de los have-nots.</p>
<p>II. LA REVOLUCION DE LAS EXPECTATIVAS CRECIENTES: Esta-dísticas en mano, la historiografía neoliberal ha tratado de demostrar que la revolución industrial no ha conducido, ni siquiera en su fase inicial, a un empeoramiento de las condiciones materiales de existencia de las clases trabajadoras. Sin embargo, es un hecho que la condición obrera fue vivida por los trabajadores como una intolerable degradación de la vida humana y que así fue descrita por los observadores de la época. Dos fenómenos concordaron para determinar eso: el aislamiento moral del proletariado, que fue abandonado a su destino -ni la burguesía ni es estado se ocupaban y se preocupaban de sus condiciones exis-tenciales-, y una transformación de la mentalidad dominante determinada por la difusión del credo democrático e igualitario. Aquí, un papel decisivo fue desempeñado por la revolución francesa y por los “inmortales principios”. Las clases inferiores en el siglo XIX comenzaron a reinterpretar su condición existencial a la luz de los nuevos valores proclamados por la inteliguentsia radical y reclamaron, al principio confusamente, luego de manera cada vez más clara, la reorganización de la sociedad. Se sentían excluidas de la ciudad y por eso pretendieron el pleno derecho de ciudadanía política y moral. Apremiaron a los empleadores, a los gobernantes, a toda la sociedad para obtener un estatus igual al de los otros grupos que articulan la comunidad nacional. La protesta obrera, revolucionaria o refor-mista, nace del resentimiento colectivo contra la sociedad burguesa que no siente ningún deber frente a las víctimas de la acumulación salvaje y de la industrialización acelerada.</p>
<p>El fenómeno es contagios. Progresivamente todos los grupos que ocupan una posición periférica en la jerarquía social exigen la plena ciudadanía política y moral. Lo cual produce una fermentación continua de las demandas. Se verifica así el fenómeno que los científicos sociales han bautizado “revolución de las expectativas  crecientes”. Que nace, justamente, de una reformulación del cuadro de referencia axiológico. Los grupos subalternos ya no perciben como natural e inmodificable su condición de ciudadanos de segunda o tercera categoría, ahora pretenden un status igual al de las clases privilegiadas. Y el instrumento para ejercer una presión eficaz sobre la sociedad para que ésta, mediante sus órganos, satisfaga sus demandas es la protesta. La época contemporánea es la época del progresivo avance del principio socialista de la igualdad a través de la estrategia de la protesta. Ya no se toleran diferencias económicas, sociales o políticas entre los hombres, y las diferencias que, a pesar de todo, permanecen, son percibidas como ilegítimas.</p>
<p>III. DEL MERCADO AUTORRE-GULADO AL CONTROL SOCIAL DE LA ECONOMIA: La sociedad europea en el siglo XIX está caracterizada por un conflicto fundamental: por una parte, existe una institución -el mercado- que trata de conquistar la plena autonomía respecto de la política, de la religión, de la moral y en general de cualquier instancia no estrictamente económica; por la otra un valor -la igualdad- que se difunde rápidamente en todos los ambientes sociales como un contagio y que, a medida que las generaciones se suceden, adquiere cada vez más vigor hasta hacerse una formidable fuerza histórica. Ahora, el mercado autorregulado y el principio de igualdad tienen exigencias incompatibles entre sí, puesto que el primero exige la no intervención del estado y el segundo, por el contrario, postula que el estado debe asumir la carga de eliminar todos los obstáculos que objetivamente impiden a los ciudadanos menos pudientes gozar de los derechos políticos y sociales formalmente reconocidos. La sociedad trata de defenderse del mercado autorregulado, que produce miseria, desigualdad, desocupación y alienación y, a través de la acción del estado, trata de poner límites precisos al imperialismo de la lógica capitalista. Las luchas de la clase obrera contra la burguesía y las alternativas políticas proyectadas por los pensadores socialistas tienen esto en común: quieren abolir el mercado o, cuando menos, someterlo al control de la colectividad. La abolición del mercado implica la creación de un sistema radicalmente distinto: la economía colectivista; el simple control significa el fin del laissez faire y la creación de una economía mixta, en la cual la lógica de la ganancia individual sea moderada por la del interés de la colectividad. En Europa occidental no es la solución radical la que prevalece sino la moderada, es decir la solución del control social del mercado, el cual no es abolido sino socializado. De tal modo se verifica, como consecuencia más o menos directa de las enérgicas presiones ejercidas por los partidos obreros, el pasaje del capitalismo individualista al capitalismo organizado. El estado ya no se limita a desempeñar las funciones de guardián de la propiedad privada y de tutor del orden público, sino que, por el contrario, se hace intérprete de valores -la justicia distributiva, la seguridad, el pleno empleo, etc.- que el mercado es hasta incapaz de registrar. Los trabajadores ya no son abandonados a sí mismos frente a las impersonales leyes de la economía y el estado siente  el deber ético-político de crear una envoltura institucional en el cual ellos estén adecuadamente protegidos de las perturbaciones que caracterizan la existencia histórica de la economía capitalista.</p>
<p>Además de la acción de los partidos socialistas, dos fenómenos facilitan el pasaje del estado liberal al estado asistencial: el espectacular crecimiento de la riqueza y la “revolución keyne-siana”. El primero ha permitido extender las ventajas materiales del industrialismo a categorías sociales cada vez más amplias, de manera que el capitalismo de economía del ahorro se ha transformado en economía del consumo. Ha nacido así la sociedad opulenta con sus extraordinarias capacidades productivas, las cuales hacen posible que el estado pueda destinar una cuota considerable del rédito nacional a fines sociales.</p>
<p>La revolución keynesiana, por fin, ha conducido a la liquidación de la política del laissez faire y al nacimiento de una nueva política económica basada esencialmente en la intervención sistemática del estado, al que se asigna un papel económico central. A él concierne, en efecto, la tarea de ejercer una función directiva sobre la propensión al consumo a través del instrumento fiscal, la socialización de las inversiones y la política del pleno empleo. En el sistema teórico keynesiano la iniciativa privada, aunque continúa teniendo un papel decisivo, ya no es considerada el único motor del progreso, puesto que el equilibrio general del sistema puede ser garantizado sólo por una política orgánica de intervenciones estatales dirigidas a conjurar las crisis cíclicas. Por esto la obra de Keynes es considerada hoy como la plataforma científica sobre la que se apoya la moderna filosofía occidental del e. de b. </p>
<p>IV. LA POLITICA DEL ESTADO DE BIENESTAR: El capitalismo individualista entra en crisis por dos razones principales: por su orgánica incapacidad de evitar las crisis económicas y por su insensibilidad frente a las exigencias de las clases sometidas, sin protección alguna, a la intemperie de la competencia. Para eliminar estos dos defectos estructurales del capitalismo individualista, la cultura occidental no ha encontrado otra solución que recurrir a la intervención del estado, al que se demanda el mantenimiento del equilibrio económico general y la persecución a fines de justicia social (lucha contra la pobreza, redistribución de la riqueza, tutela de los grupos sociales más débiles, etc.). De tal manera se ha verificado espontánea-mente el choque entre la economía keynesiana y la política socializadora de los partidos socialdemócratas europeos. Lo cual ha conducido al fin de la era del mercado auto-rregulado y del estado abstencionista y al inicio de la era del capitalismo organizado y del estado asistencial.</p>
<p>La crítica de los teóricos del e. de b. (Welfare State) al laissez faire se resume así: El mercado autorregulado no es capaz de registrar y satisfacer ciertas necesidades materiales y morales que además son fundamentales tanto para los individuos en cuanto tales como para la colectividad. En particular el estado liberal deja al “libre” trabajador prácticamente indefenso frente a las exigencias impersonales del mercado y expuesto a todos los golpes de las fluctuaciones económicas. Es necesario, por lo tanto, institucionalizar el principio de la protección social, y esto exige que el sistema económico capitalista sea sometido al control de la sociedad y que la lógica de la oferta y la demanda sea moderada de alguna forma por la lógica de la justicia distributiva. El moderno estado asistencial brota del compromiso político entre los principios del mercado (eficiencia, cálculo riguroso de los costos y de los importes, libre circulación de las mercancías, etc.) y las exigencias de justicia social avanzadas del movimiento obrero europeo. Así, el encuentro entre los liberales y los socialistas que en el siglo XIX parecía imposible, en nuestro siglo se ha realizado a través de una mezcla pragmática de principios que parecían mutuamente excluyentes. El ala socialdemócrata del movimiento obrero ha renunciado a la supresión del mercado,  en el cual ha reconocido un instrumento insustituible para realizar el uso racional de los recursos limitados y para estimular al máximo la productividad, pero, al mismo tiempo, ha logrado hacer prevalecer la instancia de regular la distribución de la riqueza según criterios no estrictamente económicos. De tal modo el capitalismo ha sido, al menos parcialmente, socializado, es decir sometido al control de las estructuras imperativas de la comunidad política. En consecuencia, el desarrollo económico ya no se regula exclusivamente por los mecanismos espontáneos del mercado, sino también, y en ciertos casos sobre todo, por las intervenciones económicas y sociales del estado que se han concretado esencialmente en los siguientes puntos:</p>
<p>- expansión progresiva de los servicios públicos como la escuela, la casa, la asistencia médica; </p>
<p>- introducción de un sistema fiscal basado en el principio de la tasación progresiva; </p>
<p>- institucionalización de una disciplina del trabajo orgánica dirigida a tutelar los derechos de los obreros y a mitigar su condición de inferioridad frente a los empleadores; </p>
<p>- redistribución de la riqueza para garantizar a todos los ciudadanos un rédito mínimo;</p>
<p>- erogación a todos los trabajadores ancianos de una pensión para asegurar un rédito de  seguridad aún después de la cesación de la relación de trabajo;</p>
<p>- persecución del objetivo del pleno empleo con el fin de garantizar a todos los ciudadanos un trabajo, y por lo tanto una fuente de rédito. </p>
<p>V. PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS:  El Welfare State puede ser concebido como la resultante institucional de una verdadera revolución cultural, es decir de un profundo cambio de las actitudes y de las orientaciones ético-políticas de la opinión pública occidental que se ha manifestado en formas particularmente significativas a partir de la Gran Depresión. pero es sólo después de la segunda guerra mundial que los principios del e. de b. se afirman de manera casi irresistible gracias sobre todo a la programación económica con la cual el sistema de mercado es ulteriormente socializado.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de sus éxitos indiscutibles, la acción de e. de b. es duramente atacada, tanto por la izquierda como por la derecha. Para la izquierda revolucionaria la política del Welfare State y de la programación económica no es más que una racionalización del sistema capitalista y un modo disfrazado para consolidar ulteriormente el dominio de clase de la burguesía. Para los animados defensores del liberalismo individualista (Hayek, Mises, Ropke, Friedman) el estado asistencial corroe en sus raíces las estructuras y los valores de la sociedad libre desarrollando una peligrosa tendencia hacia la burocratización de la vida colectiva y hacia la reglamentación estatalista. Según tales críticos, toda intervención del estado en el mercado es una amenaza a la libertad individual y una peligrosa concesión al colectivismo. Además, el estado asistencial reduce sensiblemente la eficiencia del sistema y frena la expansión económica.</p>
<p>A estas críticas de signo opuesto, los partidarios del Welfare State responden recordando que la solución colectivista impulsada por los marxistas hasta ahora ha llevado al dominio burocrático y totalitario, no ya al mítico reino de la libertad, y que, por otra parte, la economía del laissez faire ya ha cumplido su ciclo, tanto por razones estrictamente económicas, como por razones de índole ético-social. Además la economía liberista genera automáticamente un contraste intolerable entre la opulencia privada y la miseria pública, es decir una incongruencia entre la enorme cantidad de bienes producido y la deficiencia crónica de los servicios sociales. Tal incongruencia en cambio ha sido eliminada o, al menos, sensiblemente reducida, justamente en los países donde los principio del e. de b. han triunfado sobre los del capitalismo  individualista. Por fin, y sobre todo, el sistema de mercado abandonado a sus espontáneos mecanismos de desarrollo genera un flujo constante de tensiones sociales que son una amenaza permanente frente a las instituciones y los valores democráticos en la medida en que alimentan orientaciones políticas extremistas, tanto de derecha como de izquierda.</p>
<p>El debate sobre el Welfare State está todavía en curso. Pero una conclusión parece ser cierta: un retorno a una economía autorregulada es imposible, y hasta inimaginable. Las exigencias técnicas y morales adelantadas por las fuerzas políticas y culturales que se remiten a la tradición del Iluminismo reformador ya han echado sólidas raíces en la opinión pública y se han traducido en instituciones que forman un todo con la actual estructura del sistema capitalista mundial.</p>
<p>BIBLIOGRAFIA. W.H. Beveridge, Full employments in a free society, Londres 1944; A. H. Hansen, Economic policy and full employment, Nueva York, 1947; H. K. Girvetz, From wealth to welfare, Nueva York, 1950; A. Friedlander, Introduction to social welfare, Englwood Cliffs, 1955; G. Myrdal, Beyond the welfare state, New Haven, 1960; M. Bruse, The coming of the welfare state, Londres, 1961; A. G. B. Fisher, Economic progress and social security, Nueva York, 1961; G. Myrdal, Challenge to affluence, Nueva York, 1963; J. K. Galbraith, The new industrial state, Boston, 1967; R. Pinker, The idea of welfare, Londres, 1975.<br />[LUCIANO PELLICANI]</p>
<p>Fascismo</p>
<p>I. DEFINICION Y PREMISA:  El f. es un sistema político que trata de llevar a cabo un encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones nacionales.</p>
<p>Esta definición exige una demostración que nos preocuparemos de dar precisamente con la plena conciencia de las dificultades que hay que afrontar. El f. es, en efecto, como un iceberg. Emerge la parte histórica, la parte relativa al fenómeno en la era de sus triunfos y de su derrota final. En cambio, en la política actual, sólo desde hace poco tiempo su profundidad ha sido objeto de los primeros escándalos precisamente porque no existe todavía una noción precisa de lo que es verdaderamente.</p>
<p>Por otra parte, ni siquiera los fascistas sabían qué cosa era el f. “Del mismo modo que el f. se jactó desde el principio de no ser un movimiento teórico, afirmando que la acción está por encima del pensamiento, así también le faltó la capacidad de comprenderse e interpretarse a sí mismo. Su camino siempre estuvo sembrado de intentos de interpretación realizados por amigos y enemigos” (Nolte, 1970).</p>
<p>El hecho de que el predominio de la praxis sobre la doctrina sea precisamente una característica de f. no le proporciona, por lo tanto, al juicio externo un paradigma fijo y preciso y le permite a cada uno, en sustancia, inventar su propio f. ya sea positivo o negativo. De tal manera se acepta pacíficamente la etiqueta del f. para regímenes que no tienen nada que ver con el f. (los ordenamientos franquista y salazariano, varios regímenes militares de derecha) y se le niega a otros (el sistema justicialista de Perón, el mismo nacional-socialismo) que reproducen emblemáticamente todas sus modalidades.</p>
<p>La historiografía italiana más inteligente se ha dejado llevar de la dilucidación del fenómeno tal como se produjo en nuestro país a la sobrevaloración de las peculiaridades nacionales, tomándolas casi como circunstancias constitutivas. Cuando mucho se acepta la intencionalidad del fenómeno únicamente dentro del período comprendido entre las dos guerras, partiendo de la crisis de la gran guerra, como presupuesto decisivo y característico. Esta limitación reviste, desde el punto de vista histórico, una utilidad indiscutible, ya que les permite disipar los nubarrones polémicos que una simple admisión de actualidad no podría dejar de acumular, y correría el peligro de extender un certificado de defunción ficticio. Además de esto, si negar la respetabilidad del f. en los países europeos en que nació y se desarrolló constituye, después de todo, un razonamiento correcto y aceptable, negar que éste se haya reproducido en otros países en esta posguerra es por lo menos arriesgado.</p>
<p>La damnatio memoriae que afectó nominalísticamente al f. hizo que ningún movimiento político considerara oportuno (excepción hecha de las asociaciones nostálgicas que, por lo demás, están muy lejos de su esencia auténtica) retomar abiertamente sus insignias. Pero esto significa muy poco. Hasta en las dos décadas comprendidas entre las dos guerras, los movimientos fascistas negaron ser tales: el líder de los “cruces flechadas” húngaras, Ferencz Szalasi, que debía seguir hasta el final la suerte de la Alemania nazi, proclamaba la peculiaridad de su movimiento: “Ni hitleriano, ni f., ni antisemitismo, sino hungarismo”. El líder del Rexismo belga, León Degrelle, que terminaría siendo general de las S.S., rechaza con desdén la comparación con Hitler y Mussolini: “Yo no soy ni el uno ni el otro, y no tengo ninguna intención de imitarlos”. José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, y Plinio Salgado, líder de la Acción Integrista Brasilera, proclamaban la misma pretensión de originalidad. No sólo: “La afinidad entre los f. no excluye la posibilidad de una aversión recíproca” (Hoepke, 1972). Es obvio que los movimientos en que el nacionalismo constituye un elemento determinante nieguen la paternidad de un movimiento externo. Afirmar lo contrario equivaldría en los años prebélicos a confesar la subordinación política a dos grandes potencias en proceso de expansión agresiva, y en los años pos bélicos a confesar una subordinación ideológica a un sistema derrotado militarmente.</p>
<p>De ahí se deduce la siguiente consideración: si es fácil distinguir los regímenes y los movimientos políticos inspirados en las ideologías corrientes (se trata de un cálculo meramente exterior), en el caso de los regímenes y de los movimientos de tipo f. se requiere una verdadera operación de descifración. Sólo después de aclarar las circunstancias que suelen acompañar el nacimiento y las modalidades propias del fenómeno, es decir sólo después de haber establecido la carta de identidad del f. sería posible catalogar los distintos f. pasados y contemporáneos, reconocer los elementos fascistas existentes en sistemas insospechables y absolver o desenmascarar los falsos f.</p>
<p>Desde ahora se puede anticipar que para los fines del redescubrimiento del f. como fenómeno ideológico-político del mundo actual, es más útil el examen de ciertos f. menores que el desentrañamiento del prototipo italiano. El florecimiento de estudios sobre el f. francés, sobre el falangismo, sobre los f. balcánicos y sobre el integrismo brasilero (la Acción Integrista, con más de un millón de afiliados, es el partido fascista más numeroso del período comprendido entre las dos guerras después del P.N.F. y la N.S.D.A.P.) ayudan a comprender un aspecto plausible y actual del f. sin recurrir de manera resuelta al espejo enceguecedor del f. italiano y de la variante alemana. Al mismo tiempo, una serie de ensayos que relaciona el f. con el proceso de industrialización introduce en el examen del fenómeno un elemento tal vez inquietante, pero despiadadamente realista.</p>
<p>II. LAS INTERPRETACIONES: Hasta la década de los ’60, las interpretaciones italianas del f. se podían reducir a dos posiciones. Por un lado se entrevé en el f. “la manifestación de las fuerzas más restrictivas del país” y el “resultado de todos los males y de todas las deficiencias de la historia nacional”: Es la teoría del f. como “revelación” sostenida por la evaluación de muchos intelectuales e historiadores contemporáneos. Por el otro lado, siguiendo a Benedetto Croce, se considera al f. como un simple paréntesis”, un episodio de “extravío doloroso, pero momentáneo”: Es la teoría del “paréntesis” (Casucci, 1962). </p>
<p>La intervención en el problema del f. de varios investigadores extranjeros de diversa extracción política y científica y la necesidad de aislar el fenómeno o bien de extenderlo por encima de sus límites cronológicos y geográficos sugirieron una reagrupación más organizada de las diferentes interpretaciones. De Felice enumera por lo menos seis modelos interpretativos. Está el f. como “enfermedad moral”, como lo ve, a través del prisma de un desengaño atónito, la inteligencia liberal europea. Está el f. como “producto lógico e inevitable del desarrollo histórico de algunos países”, concepto apreciado por un moralismo polémico de marca radical. Está el f. como “reacción de clase antiproletaria”, que es la interpretación marxista ortodoxa. Está el f. como fenómeno totalitario análogo al stalinismo y opuesto, como este último, a la civilización liberal. Está el f. como ideología de la crisis del mundo contemporáneo, ya sea que se sitúe en la línea contrarrevolucionaria, ya sea que se sitúe en la línea jacobina y secularizada como alternativa al leninismo.</p>
<p>En cuanto a los esquemas de juicio ela-borados por las ciencias sociales, éstos se van multiplicando. Desde el punto de vista psicosocial, Fromm encuentra la explicación del fenómeno tanto en la estructura del carácter de los que se sintieron atraídos por él como en los aspectos psicológicos de la ideología, que ofrece un refugio al individuo atomizado y a la inseguridad de las clases medias. Algunos sociólogos, en cambio, dan más importancia a la relación entre la ideología fascista y el sector social en ascenso (los grupos intelectuales revolucionarios de Mannheim, los grupos tecnócratas de Gurvitch, la clase media que protesta de Lipset, las claves disponibles para la movilización de Germani y, se podría añadir, los managers, de James Burhham). De Felice agrupa en esta categoría las teorías que consideran el f. como una política de la industrialización relacionada íntimamente con una etapa determinada del desarrollo económico (De Felice, 1969).</p>
<p>Tal vez una nueva clasificación debería partir de una premisa discriminante: la negación o afirmación de la supervivencia del f., de su existencia actual y de su reproducibilidad. O sea, por una parte, si alinearían las interpretaciones que consideran el f. como un episodio histórico bien delimitado en el tiempo, precisamente en el período comprendido entre las dos guerras mundiales; por la otra parte, aquellas interpretaciones que consideran el f.como una ideología, como un modelo político vigente.</p>
<p>Una distinción semejante no rescata la dicotomía revelación-paréntesis, ya superada. La teoría de la supervivencia del f. debe considerarse desde el punto de vista ideológico-político. De ninguna manera se puede admitir, siguiendo un juicio “revelativo”, la condena moralista y apriorista de la historia de algunos países como “fascista” o “tendencialmente fascista”.</p>
<p>Dicho esto, hay que agregar que la teoría negativa sobre la supervivencia del f. en el plano histórico impecable, se encuentra en dificultades particulares respecto de la definición del fenómeno en relación con el cual sufre una especie de presbicia, dadas las dimensiones desproporcionadas que adquieren en su análisis las formas históricas del f. italiano.</p>
<p>La segunda interpretación, que supone la supervivencia o posibilidad virtual del f., ha propuesto últimamente definiciones sugestivas. Para Gregor por ejemplo, el f. fue “el primer régimen revolucionario de masa que inspiró la utilización de la totalidad de los recursos humanos y naturales de una comunidad histórica en el desarrollo nacional” y sería todavía “una dictadura para el desarrollo adecuado a comunidades nacionales parcialmente desarrolladas, y en consecuencia carentes de estatus, en un período de intensa competencia internacional para alcanzar una ubicación y un estatus” (Gregor, 1969). Pero si para toda una serie de autores, desde Germani hasta Organski, la vigencia del modelo fascista está circunscrita a un conjunto de países en vías de desarrollo, a la época de la industrialización, a las sociedades en transición, hay quienes definen el f. como “la utopía de la sociedad industrial absoluta” (Plumyéne-Lasierra, 1963).</p>
<p>Estas versiones se contradicen sólo aparentemente y, precisamente, a través de ellas, se delinea una definición válida y omnicomprensiva del f.</p>
<p>III. LA TIPOLOGIA: Nolte trata de reducir a la unidad los diversos f., encontrando en ellos las siguientes características comunes: La ubicación de una trayectoria que, de acuerdo con el modo en que se ejerce el poder, va desde el autoritarismo hasta el totalitarismo, la combinación de un motivo nacionalista con un motivo socialista, el racismo (existente con diferentes grados de intensidad en todos los f.), la coexistencia contradictoria de una tendencia particular y de una tendencia universal, el sustrato social proporcionado por la clase media (con excepción del peronismo) y al mismo tiempo la aparición de dirigentes relativamente sin pertenencia de clase.</p>
<p>El objetivo se modula de diversas maneras alrededor del concepto de consolidación nacional: el kemalismo es “una dictadura de defensa y de desarrollo nacional”; el f. italiano, “dictadura de desarrollo y al final despotismo imperialista”; el nacional-socialismo se presentaba al mismo tiempo “como dictadura de reintegración nacional, despotismo impe-rialista y despotismo orientado a la salvación del mundo”. Desde el punto de vista teleológico, Nolte pone de manifiesto el antimarxismo del f., un antimar-xismo que no excluye ciertas afinidades ideológicas y el uso de métodos casi idénticos (Nolte, 1966).</p>
<p>De Felice distingue una tipología de los países en que se consolidó el f. y una tipología del poder fascista. El f. se consolidó, particularmente, en los países caracterizados por una aceleración del proceso de movilidad social, por el predominio de una economía agraria-latifundista o por residuos de la misma no integrados a la economía nacional, por la existencia o por la falta de superación de una crisis económica, por un proceso confuso de crisis y de transformación de los valores morales tradicionales, por una crisis del sistema parlamentario que ponía en tela de juicio la legitimidad del sistema y daba crédito a la idea de una falta de alternativas de gobierno válidas, por la falta de solución, a través de la guerra, de problemas nacionales o coloniales. En esos países, el f. se consolidó a través de una concepción de la política y, más en general, de la vida de tipo místico basada en el primado del activismo irracional y en el desprecio del individuo ordinario al que se contraponía la exaltación de la colectividad nacional y de las personalidades extraordinarias (élites y super-hombre) así como el mito del jefe: un régimen político de masa (en el sentido de una movilización continua de las masas y de una relación directa jefe-masa sin intermediarios) basado en el sistema del partido único y de la milicia de partido y realizado a través de un régimen policíaco y un control de todas las fuentes informativas; un revolucionarismo verbal y un conservadurismo sustancial mitigado por una serie de concesiones sociales de tipo asistencial; el intento de crear una nueva clase dirigente, expresión del partido, y a través de este último, expresión, sobre todo, de la pequeña y mediana burguesía; la creación y la valorización de un fuerte aparato militar; un régimen económico privatista, caracterizado por una tendencia a la expansión de la iniciativa pública, a la transición de la dirección económica de los capitalistas y de los empresarios a los altos funcionarios del estado y al control de las grandes líneas de la política económica así como de la adopción por parte del estado del papel de mediador en las controversias laborales (corporativismo) y por una orientación autárquica (De Felice, 1969).</p>
<p>Considerando en cambio las características del f. como ideología de la industrialización, se pueden establecer una serie de condiciones predisponentes: 1] el dualismo; 2] la humillación nacional; 3] la industrialización tardía (como factor que predispone a la radicalización política); 4] la disgregación nacional (la crisis); 5] el evento (o sea, el elemento deflagrador de la crisis). Estas circunstancias predisponen mas no son constitutivas en el sentido de que facilitan el triunfo de f. sobre las demás ideologías y los demás modelos políticos. Después de llegar al poder, el f. se caracteriza por las siguientes modalidades: 1] la exigencia unitaria; 2] la llegada al poder de una generación nueva; 3] la llegada al poder de una personalidad carismática; 4] la llegada al poder de una nueva clase dirigente; 5] el intento de integración de las masas dentro del estado nacional; 6] el eclecticismo doctrinal; 7] la promoción del desarrollo industrial; 8] el empleo de fórmulas dirigistas; 9] la adopción de una política y de una economía autárquica (nacionalismo y proteccionismo); 10] la propuesta de un estilo de vida peculiar; 11] el recurso a la violencia contra toda fuerza nacional centrífuga y conflictiva.</p>
<p>Los últimos datos expuestos se refieren al f. triunfante. Sin embargo, la tipología no sería completa si no abarcara todos los f., tomando en cuenta la definición inicial y los demás elementos característicos ya enunciados. La clasificación se puede elaborar fijándose en la relación entre el f. y el ordenamiento socio-político al que se contrapone.</p>
<p>Primer caso: el sistema existente está atrasado, ha empezado apenas su transformación, o bien consiste en la superposición de estructuras modernas a una sociedad tradicional. El f. se presenta como una ideología de ruptura, como una contestación absoluta acompañada de un fuerte componente teórico. Es un movimiento de salvación con un contenido espiritualista o religioso acentuado (la religión en una sociedad arcaica es el factor unitario primigenio), con tendencias románticas y algunas veces ferozmente racistas; se opone a las tendencias cosmopolitas en que se inspira el proceso de modernización. Al presentarse, no obstante su apelación unitaria, como un factor más de fragmentación política, el f. es descartado en esta fase o está precedido de fuerzas capaces de llevara cabo el reordenamiento unitario del país en el plano coercitivo-represivo sin movilización de masa (por ejemplo, España, Portugal, así como Rumania y Hungría en el período comprendido entre las dos guerras).</p>
<p>Segundo caso: el sistema existente ya ha entrado en una fase de descomposición. El f. llega al poder como una ideología cicatrizante y establece un nuevo sistema que incorpora los residuos del viejo. La hegemonía del nuevo sistema es clara, pero el dualismo no queda completamente eliminado sino resuelto con un compromiso, con una especie de duopolio político, de ahí el carácter sin-crético y bipolar del sistema de poder fascista (monarquía y fascismo en Italia, ejército y peronismo en la Argentina), aun a nivel personal (el rey y el “duce”, Perón y Eva Duarte). En la ideología el elemento ecléctico y pragmático predomina sobre el de la teoría.</p>
<p>Tercer caso: el sistema existente ha superado la crisis de la industrialización, pero se ve sorprendido por una crisis económica y moral sin precedentes que se prolonga y abre profundas grietas en las estructuras políticas y sociales. El f. se presenta nuevamente como  contestación absoluta, como un sistema totalmente nuevo con un fuerte componente teórico, místico, romántico y racista, capaz de movilizar a las masas con la fórmula del pleno empleo material, y emotivo (en esa fase se puede definir el f. como una ideología total del pleno empleo). A pesar de llegar al poder por el camino de un compromiso con parte del establishment, el f. instaura una supremacía absoluta, es decir el totalitarismo (Alemania nacional-socialismo).</p>
<p>IV. EL FASCISMO COMO FENOMENO INTERNACIONAL: Los casos descritos anteriormente permiten enmarcar claramente los distintos f. históricos. La Guardia de Hierro rumana. las Cruces Flechada húngaras, la Acción Integrista Brasilera, los movimientos revolucionarios bolivianos de los años ‘30, en nacional-sindicalismo portugués, la Falange y las JONS españolas son fascismos del primer tipo. Hay que señalar que todos han sido bloqueados por seudofascismos, por regímenes contra-revolucionarios que utilizaron unas veces el ritualismo fascista, pero que no llevaron a cabo la unidad del sistema a través de una movilización de masa. Esto significa negar cualquier auten-ticidad “fascista” a los regímenes del rey Carol de Rumania y posteriormente de Antonescu, a la regencia de Horthy, al régimen de Salazar, al sistema polaco prebélico, al movimiento lappista finlandés, al franquismo. Más dudosa es la clasificación del Estado Novo de Vargas, un caso de “oportunismo populista”.</p>
<p>El prototipo del segundo f. es el f.italiano. El peronismo puede incluirse tranquilamente en esta categoría. La repugnancia que encuentran algunos a considerar fascista un movimiento que tuvo y sigue teniendo una amplia base obrera carece de fundamentos. Se puede decir si acaso que por algunas circunstancias históricas propias de Argentina y sobre todo por demérito de las organizaciones sindicales tradicionales, Perón logró polarizar una fidelidad obrera mejor que el sindicalismo fascista italiano. Por lo demás, Perón no introdujo cambios substanciales en el ordenamiento jurídico de la propiedad (hizo falta hasta una reforma agraria), varias veces afirmó la exigencia de la colaboración de las clases y en el ejercicio del poder se apoyó más que en los cuadros sindicales en los cuerpos oficiales, o sea en la pequeña burguesía armada: cuando trató de prescindir del apoyo de esta última fue derrocado. Se puede en cambio excluir la existencia de un f. japonés, por lo menos a nivel del régimen (la sociedad japonesa no se ha desunido nunca, siempre ha permanecido compacta).</p>
<p>El tercer f. tuvo una realización única: el nacionalismo-socialismo. Aunque en períodos de crisis surgieron en distintos países industrializados movimientos análogos como el New Party of Mosley en Gran Bretaña, el P.P.F. de Jacques Doriot, el Partido Nacional Socialista holandés de Mussert, la Nasjonal Samling de Quisling, el Rex de León Degrelle en Bélgica. Se pueden inscribir en la misma categoría el P.F.R. (Partido Fascista Republicano) y la efímera experiencia de la República Social italiana. Se trata de movimientos minoritarios aunque con una fórmula unitaria semimística que en tiempos de crisis puede dar lugar a una alucinación colectiva y arrastrar a minorías consistentes aun intelectuales. Una fórmula de este género es particularmente atractiva, en efecto, para las élites juveniles de la pequeña burguesía insatisfecha de la alienación tecnocrática y para ciertos sectores proletarios impacientes, disgustados por la integración en el establishment de las burocracias obreras.<br />En la clasificación hemos dejado fuera a propósito los sistemas como el stalinismo, el castrismo, el maoísmo, aunque, según algunos, estos regímenes a pesar de rechazar dogmática-mente la ideología fascista se adaptan a la misma algunas veces en los módulos operativos. Es necesario reconocerles a estos sistemas, por otra parte, los cambios introducidos en el contexto jurídico-económico. El juicio sigue en suspenso para varios sistemas políticos que están llevándose a cabo en países del Tercer Mundo. El socialismo islámico reproduce indudablemente el f. y las analogías entre el Baas y ciertos f. balcánicos son sorprendentes. La ideología nacional-populista, que se difundió por América Latina y que tiene encarnaciones concretas en determinados países, no es más que una denominación ulterior del f. dualista que reproduce fielmente el itinerario básico.<br />    <br />V. LA ORGANIZACION DEL ESTADO FASCISTA ITALIANO: En la construcción del régimen fascista italiano se pueden distinguir diversas fases. En un primer momento el f. en el poder colabora con las demás fuerzas políticas y no modifica sustancialmente el ordena-miento vigente, limitándose a retoques destinados a suavizar ciertas estructuras y ciertos mecanismos administrativos y a plantear alguna veleidad tecnocrática. Las únicas disposiciones innovadoras son la creación de la milicia voluntaria para la seguridad nacional y la ley electoral con premio a la mayoría (ley Acerbo). En un segundo período, una vez terminada con el crimen Matteoti la fase en que la represión de la oposición estuvo confiada a fuerzas extralegales, empieza el desmantelamiento del sistema pluralista representativo que se realiza prácticamente en el transcurso de dos años (1925 y 1926); se limita la libertad de asociación (26 de noviembre de 1925); se le quita al parlamento el control del ejecutivo (24 de diciembre de 1925); se le asigna al ejecutivo la facultad de emitir normas jurídicas (31 de enero de 1936); se suprime el autogobierno de los municipios y de las provincias ampliando los poderes de los prefectos y sometiendo los municipios a “potestades” nombradas por el gobierno (4 de febrero de 1926, 6 de abril de 1926 y 3 de setiembre de 1926); se establece el confinamiento policíaco de los elementos de oposición (6 de noviembre de 1926); se instituye el Tribunal Especial para la Defensa del Estado y se restablece la pena de muerte (25 de noviembre de 1926). El 9 de noviembre de 1926 se termina prácticamente la actividad legal de la oposición mediante la expulsión de la Cámara de Diputados de los parlamentarios que se habían adherido a la secesión del Aventino. Al final del mismo año dejan de existir los partidos incluyendo los colaboracionistas. </p>
<p>La tercera fase es la de la “fascistiza-ción” del estado. El régimen trata de establecer para sí mismo instituciones originales. Estas últimas no se apoyan por otra parte en el partido al que se le aplican las mismas reglas autoritarias adoptadas en el país. La inspiración de la “fascistización” es la estadista concen-tradora del ministro Gurdasellos Alfredo Rocco, proveniente de las filas nacionalistas. El totalitarismo fascista no se traduciría en la transformación del estado sino en la acumulación de nuevas funciones dentro del estado tradicional. “El estado fascista”, se ha dicho justamente, “se proclamó constantemente y con gran exhube-rancia de tonos, estado totalitario, aunque siguió siendo hasta el último también un estado dinástico y católico, y por lo tanto no totalitario en sentido fascista”. “Bajo el f., el estado totalitario en cuanto integración sin residuos de la sociedad dentro del estado no logró nunca ser verdaderamente tal” (Aquarone, 1965). La misma inspiración meramente autoritaria y burocrática del poder que daría muerte al partido sin lograr hacer del estado un organismo capaz de promover la movilización social, comprimiría y daría muerte a las corporaciones con las que debería articularse la relación entre el régimen y las fuerzas productivas (v. corporativismo).</p>
<p>En el período 1927-1930 se configura de algún modo la apariencia del estado fascista: se aprueba la Carta de Trabajo (1927) y se instituye la Magistratura del Trabajo (1928), se fija la competencia del Gran Consejo del f. en cuestiones institucionales y constitucionales (1928 y 1929); el Consejo Nacional de las Corporaciones se incorpora a los órganos del estado (1930). Por regio decreto n. 504 del 11 de abril de 1929 se incluye el Fascio en el escudo de armas del estado.</p>
<p>Los años que van desde 1930 hasta 1935 son los “años de efervescencia” del régimen. Ya que el partido, bajo la guía del secretario general Aquiles Starace, a pesar de sus crecientes ramificaciones en todos los sectores de la vida nacional, se manifestó cada vez menos capaz de realizar una movilización de masa, una serie de iniciativas clamorosas (desde la primacía de los aviadores hasta las bonificaciones agrícolas y determinadas obras públicas), el uso adecuado de los modernos medios de propaganda masiva, le permiten al régimen con ocasión de la guerra de Etiopía (1935-1936), maximizar y casi unanimizar el consenso del país. las carencias del partido como órgano de movilización, el carácter subalterno de los poderes intermedios como las corporaciones se presentarán, sin embargo, en toda su gravedad durante el período de 1937-1940 para explotar durante el conflicto mundial hasta el derrumbe del 25 de julio de 1943.</p>
<p>En síntesis, en la década 1930-1940, el régimen experimentó una serie de fórmulas desde el totalitarismo hasta el corporativismo y el dirigismo económico, ninguna de las cuales se aplicó a fondo. El resultado de los modelos innovadores haría que en el momento del desastre la sucesión fuera recibida por el elemento tradicional del sistema, por el elemento “dinástico” y “católico”.</p>
<p>Sólo desde hace poco el balance global de la experiencia del régimen fascista es objeto de juicios críticos meditados. Se acepta que en el plano económico el régimen logró crear un parque industrial diferenciado, un sector público robusto y dinámico, preparando además una gama de instrumentos de intervención de tipo dirigista que se utilizarían plenamente en la posguerra. En el plano social, el régimen aceleró, o por lo menos no se opuso, al ascenso de las clases emergentes y al acantonamiento de las viejas gerencias. Respecto de las clases subordinadas, a pesar de no haberse propuesto una política de bienestar, se trazaron los primeros lineamientos de un Welfare State, sobre todo gracias a una avanzada legislación asistencial. Son más oscilantes las decisiones del régimen en materia de salarios reales y de pleno empleo, debido también al estado de recesión en que se encontraba el mercado de trabajo italiano después de la clausura de las corrientes migratorias. En la política agraria y meridio-nalista el concepto de la “bonificación integral” elaborado por Arrigo Serpieri, después de un principio de actuaciones brillantes en el Campo Pontino, sufrió oposiciones y hasta la ley para la colonización del latifundio siciliano (1940) que debería marcar la recuperación.</p>
<p>La política militar y la diplomacia del régimen fueron catastróficas. En el campo militar se utilizó el personal y hasta los implementos prefascistas sin introducir ninguna innovación técnica digna de tomarse en cuenta. En el campo de las relaciones internacionales, el régimen exasperó los elementos básicos de la diplomacia tradicional sin el correctivo de la desprejuiciada flexibilidad que le había permitido a esta última evitar los cambios de rumbo trágicos.</p>
<p>El régimen fascista italiano se caracteriza fundamentalmente por un ejercicio del poder marcado por un pragmatismo absoluto:; obedeciendo a este impulso dinámico, a esta obsesión realizadora que no sólo es la “polilla” de los f., como afirma Camillo Pellizi, sino la auténtica razón de vida, se dispersó en todas direcciones como un torrente de lava, deteniéndose donde encontraba resistencia y lanzándose hacia adelante donde no la había. El partido, el sistema totalitario y las corporaciones fueron encontrando, a su turno, su punto de detención. Y siempre, por último, quedó solo el estado, el viejo estado, con sus sedimentaciones tradicionales, obligado a adoptar el papel revolucionario ya que, en realidad, su expansión parecía la menos temida y, en último análisis, seguía siendo el único punto de apoyo indiscutible de una unidad de emergencia. El uso revolucionario de un estado tradicional, de un ejército tradicional, de una diplomacia tradicional, determinan el resquebrajamiento del régimen al que, por otra parte, debido al proceso de despolitización que se lleva a cabo en el país desde 1937, a la desmovilización emotiva de las dirigencias y de las masas, a la transformación del régimen en “dirección”, de acuerdo con la afortunada expresión de Bottai, no le queda otra cosa que el dilema entre un autoritarismo estático, o sea el no f., y el verdadero f., o sea la marcha ininterrumpida, el dinamismo aun nihilista.</p>
<p>VI. LA IDEOLOGIA DEL FASCISMO:  “Los prejuicios son mallas de hierro o de oropel. No tenemos el prejuicio republicano, ni el monárquico, no tenemos el prejuicio católico, socialista o antisocialista. Somos cuestionadores, activistas, realizadores”, declara Mussolini en una entrevista al Giornale d’Italia después de la fundación del Fascio de combate de Milán. Missiroli llama al f. “herejía de todos los partidos”. En el preámbulo doctrinal del estatuto del PNF de 1938, Mussolini afirma: “El f. rescata de los escombros de las doctrinas liberales, socialistas y democráticas, los elementos que todavía tienen un valor vital. Mantiene los que se podrían llamar hechos adquiridos de la historia, y rechaza todo lo demás, es decir el concepto de una doctrina buena para todas las épocas y para todos los pueblos”.</p>
<p>El posibilismo ideológico está ligado a la subordinación de las ideas a la acción. Diez años después de su asentamiento en el poder, Mussolini le dirá a Ludwig: “Me he convencido de que la primacía le corresponde a la acción, aun cuando esté equivocada. Lo negativo, el eterno inmóvil es condenación. Yo estoy de parte del movimiento. Yo soy un marchista”. En todos los f. existe un florilegio de declaraciones semejantes: “Debéis caminar, debéis dejaros arrastrar por la corriente [...] debéis actuar. Lo demás llega por sí solo”, exhorta León Degrelle, “No nos preguntaréis primero -escribe Drieu la Rochelle- cuál es nuestro programa sino cuál es nuestra mentalidad. El espíritu del PPF es un espíritu de vida, de acción, de velocidad”. “Perón me ha enseñado -proclama Eva Duarte- que para conseguir algo no es necesario, como cree la mayor parte de la gente, hacer grandes planes. Si los planes existen tanto mejor, pero si no existen, no importa: lo que importa es comenzar a actuar. Los planes vendrán después”. Y Oswald Mosley afirma por su parte: “Un gran hombre de acción observó: `el que sabe exactamente a donde se dirige no llega muy lejos’”. Para Hitler, el nacional-socialismo era un “socialismo potencial que no se realizaría nunca porque estaba en una condición de cambio continuo”. Plinio Salgado, que no obstante trata de darle al inte-grismo un contenido doctrinal preciso, habla de “una concepción integral de la idea, del hecho y del movimiento”, atribuyéndole a este último “una importancia fundamental”. Weber habla del f. como de un “activismo oportunista inspirado en la insatisfacción producida por el ordenamiento vigente, sin la intención o la capacidad de proclamar una doctrina propia y más bien con la tendencia a destacar la idea del cambio y la conquista del poder” (Weber, 1964).</p>
<p>Respecto de la primacía de la acción, las mismas teorías que se van incorporando poco a poco a la doctrina fascista, como el corporativismo, el; sindicalismo, el totalitarismo, el dirigismo económico, doctrinas que por otra parte se contradicen entre sí desde sus premisas, aparecen como meros ejercicios abstractos que sólo han influido marginalmente en el desarrollo del movimiento. En ese sentido es explicable que el f. no logre negar o rechazar in toto las demás ideologías, incluso el comunismo: tiende más bien a conciliarlas, a servirse de ellas una después de la otra de acuerdo con las circunstancias. El f. húngaro (las Cruces Flechadas) aceptará los votos comunistas, Mussolini restablecerá las relaciones con la Rusia de los Soviets, los fascistas españoles siguiendo a la izquierda italiana, alabarán simultáneamente la revolución de octubre y la revolución fascista, Hitler no dudará en pensar en una división del mundo con Stalin, las relaciones entre los actuales sistemas nacional-populistas y los partidos comunistas locales son demasiado ambiguas.</p>
<p>El activismo no es incompatible con el nacionalismo sino encuentra en este último el instrumento más adecuado, no entendiéndolo en el sentido de la conservación tradicional sino de la consolidación dinámica y de la expansión permanente de la comunidad nacional. No obstante, respecto del dinamismo, el nacionalismo es un elemento subordinado. Algunos f. aceptan concientemente la hegemonía alemana. El último f. italiano, el de 1945-1946, evocará en el Manifiesto de Verona la idea de la comunidad europea. Los nazis se consideran a sí mismos defensores de Europa. La concepción dinámica de la nación y el “orden europeo” explica la catástrofe diplomática y militar de los regímenes fascistas que, no obstante, en el plano económico y en parte en el plano social, lograron éxitos efectivos.</p>
<p>Una característica peculiar del f. es la percepción de la crisis. Este no cuaja como una ideología de emergencia con un programa de inmovilización y de hibernación de la sociedad enferma (no lo hacen en cambio, los sistemas de tipo militar) sino de huida hacia adelante. La unidad propuesta por el f. no es estática sino dinámica.</p>
<p>El f., por lo tanto, “vive y lucha en una atmósfera de crisis”. “Todos los f. se consideran como el último recurso; todos están amenazados por un mundo hostil, en un estado de sitio en que la autosuficiencia material e ideológica es la única esperanza” (Weber, 1964). En 1929, Gregor Strasser proclama: “Nosotros llevamos adelante una política de catástrofe porque sólo la catástrofe, es decir el derrumbe del sistema liberal nos allanará el camino para la construcción del nuevo edificio que llamamos nacional-socialismo”. La revista Die Komenden, órgano de un grupúsculo nazi, afirma en el mismo período: “Deseamos el caos porque lo dominaremos”. Antes de la intervención de 1915, Mussolini plantea el dilema: “Guerra o revolución”.</p>
<p>VII. CONCLUSION:  El f. es pues una ideología de crisis. Nace como respuesta a una crisis a la que Talcott Parsons llama el incremento de las anomias, o sea “la falta de integración, bajo diversos aspectos, entre muchos individuos y los modelos institucionales constituidos” (Talcott Parsons, 1956). La crisis puede estar relacionada con un evento determinado (una guerra o una desocupación masiva), pero es necesario tomar en cuenta que el evento revela la crisis, no la provoca. El sistema democrático-liberal italiano ya se había derrumbado en 1915 antes del ingreso a la guerra. </p>
<p>La crisis se manifiesta principalmente a través de la disgregación del ordenamiento existente. Un caso típico de crisis es el del dualismo de la sociedad en vías de industrialización (v.). El contenido de la respuesta fascista a la crisis es la unidad. El concepto de unidad está implícito en la denominación: Fascio. El autoritarismo, la violencia, el racismo, el totalitarismo son derivaciones y algunas veces desviaciones del principio unitario.</p>
<p>La unidad sigue siendo el dato prioritario y esencial. La apelación a la unidad atrae de manera particular a la juventud y a las clases medias que se consideran, dentro de la escala social, en una posición de equidistancia de los extremos y, por lo tanto, de interclasismo. Bajo este aspecto, el f. se adapta a las clases medias de tal manera que se puede definir tendencialmente como la ideología típica de las clases medias y sobre todo como la ideología de las élites juveniles de la clase media. Esto no excluye que el f. adquiera un consenso masivo aún dentro del proletariado y en ciertos sectores del establishment. Su sustrato social típico es la pequeña burguesía de origen proletario que tiene cualidades de combatividad y de agresividad desconocidas para la burguesía tradicional (las investigaciones recientes sobre los cuadros del integrismo brasilero demuestran su ubicación dentro del sector social en ascenso; la proveniencia de los jefes fascistas italianos y nazis, en su mayoría de la izquierda política o de lo que se podría llamar “la izquierda social”, es conocida). En este sentido el f. es una ideología de clases que está emergiendo, radical más bien que revolucionaria. Tiene por objeto el trastocamiento del establishment (Carsen, 1970).</p>
<p>La conexión entre f. e industrialización está ya manifiesta en la conexión entre f. y crisis. En efecto, el recurso a sistemas de tipo fascista o influidos por el f. es casi recurrente en el período de la industrialización. La subordinación de las reivindicaciones sociales a las reivindicaciones nacionales se presenta como el instrumento más eficaz para proponerse a las masas la prórroga de la era del bienestar. También los sistemas populistas revolucionarios toman esta característica del f.</p>
<p>¿Cómo tiende el f. a superar la crisis? Se puede decir que trata de domarla mas no de anularla. El f. es un organizador de la tensión. La tensión es su combustible. Esta le permite mantener la movilización permanente de las masas bajo una disciplina de tipo más bélico que militar. El dinamismo fascista es un germen negativo del sistema, un detonador que tarde o temprano provoca su explosión. La conciencia de la tragedia final está presente en el sistema fascista aún en el momento del triunfo, y de ella se deriva un sentimiento de religiosidad negativa, el pesimismo activista que impresiona a Malraux en el hombre fascista, el romanticismo desesperado que aflora tarde o temprano de manera inevitable en todo f., en sus ritos desde las reuniones de Núremberg hasta la “Noche de los Tambores Silenciosos” de los integristas brasileros. Este pesimismo se pone de manifiesto, dentro de la simbología fascista, en el color “negro”, en la evocación obsesiva de la muerte y en el lugar que ésta ocupa en la iconografía fascista. El decálogo del fascio turinés proclama la fe en el éxito de las “minorías de voluntad y muerte”. La agonía del f. está rodeada de alusiones a la “muerte bella”, a la “belleza de morir”. La desesperación se contrapone a la esperanza como un elemento activo. La desesperación se sublima como activismo absoluto. La Disperata es el nombre de una escuadra de acción florentina. Por esto, también el f. triunfante se presenta al conservador Rauschning como “la revolución del nihilismo”.</p>
<p>El dinamismo distingue claramente al f., como se ha señalado, de los demás sistemas de tipomilitar que cuando mucho podrían definirse, con una distorsión sustancial del término, como “f. estáticos”.</p>
<p>El hecho de que se proponga resolver la crisis, aunque se alimente simultáneamente de la crisis, distingue al f. aún más de los sistemas populistas revolucionarios, que son capaces de sobrevivir precisamente por su activismo optimista. Talcott Parsons habla, a propósito del f., de una “reacción a la ideología de la racionalización de la sociedad”, y en ese sentido éste se contrapone al radicalismo de izquierda y se clasifica como “un radicalismo de derecha”. Aunque, a su manera, también el f. es un intento de racionalizar la sociedad, apoyándose en el factor dinámico y aplicándole a la sociedad un esquema de evolucionismo político. Racionalizando en cierto sentido el pesimismo, o haciéndolo trascender en el tema de la fe y de la muerte, propone la utopía del fuego y del peligro.</p>
<p>El f. queda fuera, por lo tanto, de la rígida dicotomía derecha-izquierda. Unas veces minoritarios y otras mayoritario, pequeñoburgués o proletario, siempre plebeyo e interclasista, dispuesto a no apelar a la uniformidad de las condiciones sino a la igualdad y a la unidad de los sentimientos, se le presenta a la sociedad en crisis como una alternativa mesiánica.<br />BIBLIOGRAFIA. T. Parsons, “Society and dictatorship”, en Essay on sociological theory, Chicago, 1954; C. Casucci, Il fascismo. Antologia si scritti critici, Bolonia, 1962; J. Plumyene-R. La Sierra. Les fascismes français 1923-1963, París, 1963; E. Weber, Varieties of fascism, Nueva York, 1964; A. Aquarone, L’organizzazione dello stato totalitario, Turín, 1965; E. Nolte, Der Faschismus in seiner Epoche, 1965; E. Nolte, Die Krise des liberalsen System un die faschistischen  Bewegungwn, 1968; K. P. Hoepke, Die deutsche Rechte und der italianischer Faschismus, 1966; F. L. Carsten, The rise of fascism, 1967; The nature of fascism, Nueva York, 1969; A. J. Gregor, The ideology of fascism, Nueva York, 1969; R. De Felice, Le interpretazioni del fascismo, Bari, 1969;<br /> R. de Felice, Il fascismo. La interpretazioni dei contemporanei e degli storici, Bari, 1970; N. Poulantzas, Fascismo y dictadura, México, Siglo XXI, 1971.<br /> [LUDOVICO INCISA]</p>
<p>Legitimidad:</p>
<p>I. DEFINICION GENERAL:  En el lenguaje ordinario el término l. tiene dos significados: uno genérico y uno específico. En el significado genérico, l. es casi sinónimo de justicia o de razonabilidad (se habla de l. de una decisión, de una actitud, etc.). El significado específico aparece a menudo en el lenguaje político. En este contexto, el referente más frecuente del concepto es el estado. Naturalmente aquí nos ocupamos del significado específico.</p>
<p>En una primera aproximación se puede definir la l. como el atributo del estado que consiste en la existencia en una parte relevante de la población de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la fuerza. Por lo tanto, todo poder trata de ganarse el consenso para que se le reconozca como legítimo, transformando la obediencia en adhesión. la creencia en la l. es, pues, el elemento integrante de las relaciones de poder que se desarrollan en el ámbito estatal.</p>
<p>II. LOS NIVELES DEL PROCESO DE LEGITIMACION:  Ahora bien, si se considera el estado desde el punto de vista sociológico y no jurídico, se comprueba que el proceso de legitimación no tiene como punto de referencia al estado en su conjunto sino sus diversos aspectos: la comunidad política, el régimen, el gobierno y, cuando el estado no es independiente, el estado hegemónico al que está subordinado. Por lo tanto, la legitimación del estado es el resultado de una serie de elementos dispuestos  a niveles crecientes, cada uno de los cuales concurre en modo relativamente independiente a determinarla. Es necesario, por lo tanto, examinar separadamente las características de estos elementos que constituyen el punto de referencia de la creencia en la l.</p>
<p>a] La comunidad política es el grupo social con base territorial que reúne a los individuos ligados por la división del trabajo político. Este aspecto del estado es objeto de la creencia en la l. cuando en la población se han difundido sentimientos de identificación con la comunidad política. En el estado nacional la creencia en la l. se configura predominantemente en términos de fidelidad a la comunidad política y de lealtad nacional. <br />    <br />b] El régimen es el conjunto de instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de esas instituciones. Los principios monárquicos, democrático, socialista, fascista, etc., definen algunos tipos de instituciones y de valores correspondientes, en los que se basa la l. del régimen. La característica fundamental de la adhesión al régimen, sobre todo cuando ésta se basa en la fe en la legalidad, consiste en el hecho de que los gobernantes y su política son aceptados en cuanto están legitimados los aspectos fundamentales del régimen, prescindiendo de las distintas personas y de las distintas decisiones políticas. De ahí que el que legitima el poder debe aceptar también el gobierno que se forme y actúe en conformidad con las normas y con los valores del régimen, a pesar de que no lo apruebe y hasta se oponga al mismo o a su política. Esto depende del hecho de que existe un interés concreto que mancomuna las fuerzas que aceptan el régimen: la conservación de las instituciones que rigen la lucha por el poder. El fundamento de esta convergencia de intereses consiste en el hecho de que se adopta el régimen como plataforma común de lucha entre los grupos políticos, ya que estos últimos lo consideran como una situación que ofrece condiciones favorables para la conservación de su poder, para la conquista del gobierno y para la realización parcial o total de los propios objetivos políticos.</p>
<p>c] El gobierno es el conjunto de funciones en que se concreta el ejercicio del poder político. Se ha visto que normalmente, es decir cuando la fuerza del gobierno descansa en la determinación institucional del poder, para que se califique como legítimo basta que este último se haya formado en conformidad con las normas del régimen, y que ejerza el poder de acuerdo con esas normas, de tal manera que se respeten determinados valores fundamentales de la vida política. Puede suceder, sin embargo, que la persona que es jefe del gobierno sea directamente objeto de la ordenanza en la legitimidad. en el estado moderno ocurre esto cuando las instituciones políticas están en crisis y los únicos fundamentos de l. del poder son el ascendiente, el prestigio y las cualidades personales del hombre puesto en el vértice de la jerarquía estatal. En todos los regímenes existe, aunque en diversa medida, una dosis de personalización del poder, como consecuencia de la cual los hombres no olvidan nunca las cualidades personales de los jefes bajo la función que ejercen. Pero lo que es esencial para distinguir el poder legal y el tradicional del poder personal o carismático (esta célebre división es de Max Weber) es que la l. del primero se basa en la creencia en la legalidad de las normas del régimen, estatuidas ex profeso y de modo racional, y del derecho de mandar de los que detentan el poder basado en tales normas; la l. del segundo tipo se apoya en el respeto a las instituciones consagradas por la tradición y a la persona (o a las personas) que detentan el poder, cuyo derecho de mando se atribuye a la tradición; la l. del tercer tipo se funda sustancialmente en las cualidades personales del jefe, y en forma subordinada en las instituciones. Este tipo de l., al estar ligado a la persona del jefe, tiene una existencia efímera, porque no resuelve el problema fundamental del que depende la continuidad de las instituciones políticas , o sea el problema de la transmisión del poder.</p>
<p>d] Queda todavía por examinar el caso del estado que, al no ser independiente, no es capaz de desempeñar la tarea fundamental de garantizar la seguridad de los ciudadanos (o, algunas veces, ni siquiera el desarrollo económico). No se trata, pues, de un estado en el verdadero sentido de la palabra sino de un país conquistado, de una colonia, de un protectorado o de un satélite de una po-tencia imperial o hegemónica. Una comunidad política que se halla en esas condiciones encuentra muchas dificultades para despertar la lealtad de los ciudadanos, porque no es un centro de decisiones autónomas. En consecuencia, su lealtad debe basarse completamente o en parte en la del sistema hegemónico o imperial del que forma parte. El punto de referencia  de la cre-encia en la l. será, entonces, total o parcialmente la potencia hegemónica o imperial.</p>
<p>III. LEGITIMACION E IMPUGNACION DE LA LEGITIMIDAD:  Los diversos niveles del proceso de l. definen otros tantos elementos que representan el punto de referencia obligado hacia el cual se orientan los individuos y los grupos en el contexto político. Si analizamos la acción de estos últimos, desde este punto de vista podemos descubrir dos tipos fundamentales de comportamiento. Si determinados individuos o grupos se dan cuenta de que el fundamento y los fines del poder son compatibles o están en armonía con su propio sistema de creencias y actúan en pro de la conservación de los aspectos básicos de la vida política, su comportamiento se podrá definir como legitimación. En cambio, si el estado es considerado en su estructura y en sus fines como contradictorio con el propio sistema de creencias, y este juicio negativo se traduce en una acción orientada a transformar los aspectos básicos de la vida política, este comportamiento podrá definirse como impugnación de la l.</p>
<p>El comportamiento de legitimación no caracteriza solamente a las fuerzas que sostienen el gobierno sino también a las que se oponen al mismo, en cuanto no tengan el propósito de cambiar también el régimen o la comunidad política. La aceptación de las “reglas del juego”, en particular, o sea de las normas en que se basa el régimen, no entraña solamente, como ya se ha señalado, la aceptación del gobierno y de sus mandatos, en cuanto estén conformes con el régimen, sino también la legítima expectativa, para la oposición, de transformarse en gobierno.</p>
<p>La diferencia entre oposición del gobierno e impugnación de la l. en ciertos aspectos corresponde a la que existe entre política reformista y política revolucionaria. El primer tipo de lucha tiende a lograr innovaciones -conservando las estructuras políticas existentes-, combate al gobierno pero no a las estructuras que condicionan su acción y propone un modo distinto de administrar el sistema constituido. El segundo tipo de lucha está dirigido contra el orden constituido y tiene por objeto modificar sustancialmente algunos de sus aspectos fundamentales; no combate únicamente al gobierno sino también al sistema de gobierno, o sea a las estructuras del que éste es expresión.</p>
<p>Con esto hemos pasado ya a examinar el comportamiento impugnador de la l. En este sector hay que distinguir dos actitudes: la de rebelión y la revolucionaria. La actitud de rebelión se limita a la simple negación, al rechazo abstracto de la realidad social, sin determinar históricamente la propia negación y el propio rechazo. En consecuencia, no es capaz de reconocer el movimiento histórico de la sociedad, ni de encontrar objetivos de lucha concretos, y termina siendo prisionero de la realidad que no logra cambiar. La actitud revolucionaria 