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Ritmo de administración intravenosa

Aunque las simulaciones de la figura 3-2 utilizan un único bolo intravenoso, este método rara vez es adecuado en la práctica diaria, ya que pueden surgir reacciones adversas a causa de las concentraciones transitorias extraordinariamente altas que se alcanzan. Por el contrario, los fármacos suelen administrarse por vía oral o por goteo intravenoso más lento. De esta manera, la administración de una dosis inicial completa de lidocaína (3 a 4 mg/kg) en forma de bolo único suele originar, de manera transitoria, concentraciones altísimas, con riesgo de que surjan efectos adversos como convulsiones. Como la semivida de distribución de la lidocaína es de 8 min, un régimen de saturación más adecuado consistiría en la misma dosis pero administrada en dos a cuatro bolos cada 8 min o en forma de goteo endovenoso rápido (p. ej., 10 mg/min durante 20 min).
Algunos fármacos son tan predeciblemente letales cuando se infunden a demasiada velocidad, que deberían tomarse precauciones especiales para evitar los bolos accidentales. Por ejemplo, debe evitarse la administración intravenosa de soluciones de potasio que excedan de los 20 meq/L, salvo en circunstancias excepcionales y con vigilancia extrema. Así se lleva al mínimo la posibilidad de un paro cardiaco, que puede ocurrir a consecuencia de un incremento accidental de la velocidad de goteo con las soluciones más concentradas.
La procainamida, que se absorbe casi totalmente después de su administración oral, puede emplearse por esta vía en una sola dosis de saturación de 1 000 mg con poco riesgo de hipotensión. Sin embargo, su administración intravenosa es más segura si se administra la dosis en fracciones de alrededor de 100 mg a intervalos de 5 min o, para mayor comodidad, en un goteo de 20 mg/min a lo largo de 50 min, para evitar la hipotensión durante la fase de distribución.
Como ilustran los ejemplos anteriores, la administración excesivamente rápida de muchos fármacos puede originar consecuencias catastróficas por las elevadas concentraciones que se alcanzan en la sangre en la fase de distribución. En cambio, en el caso de algunos fármacos de acción central puede sacarse provecho de la mayor concentración de medicamento durante la fase de distribución después de su administración intravenosa. Por ejemplo, para ejercer su efecto con rapidez, el empleo de midazolam como sedante intravenoso depende de su rápida captación por el encéfalo durante la fase de distribución, con una posterior salida del encéfalo durante la redistribución del fármaco conforme se alcanza el equilibrio.
Asimismo, la adenosina debe administrarse en forma de bolo rápido en el tratamiento de las taquicardias supraventriculares de reentrada (cap. 214), para evitar su eliminación por captación rapidísima (semivida de segundos) de los eritrocitos y las células endoteliales antes de que el fármaco pueda llegar a su lugar de acción, que es el nudo auriculoventricular.

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