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  <title>Idiomas Lenguajes</title>
  <subtitle>Monografías de Idiomas Lenguajes, tesis, apuntes, trabajos y resumes. Material enviado por usuarios</subtitle>
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  <updated>2008-08-06T20:43:28-04:00</updated>
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    <title>Trabajo y utensilios de los copistas</title>
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    <published>2008-08-06T20:52:34-04:00</published>
    <updated>2008-08-06T20:53:32-04:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <summary type="html"><![CDATA[<p>Trabajo y utensilios de los copistas</p>
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    <content type="html"><![CDATA[<p>Trabajo y utensilios de los copistas</p>
<p>La iconografía existente en los manuscritos iluminados muestra cómo escribián los copistas los rollos o códices. Gracias a ella se conocen los escriptorios, las mesas de trabajo, los diversos utensilios para escribir o iluminar e, incluso, las posturas habituales para trabajar: de pie, sentados, sobre taburetes o piedras y reclinados sobre el pupitre, mesa o con una tabla apoyada en las rodillas y fijada a la mesa... hasta sentados en el suelo o apoyados sobre la rodilla. Según se ha indicado, frente al estilo o el cincel y demás objetos punzantes para la incisión en la escritura característica de los soportes denominados tradicionalmente duros, los usados por los copistas para escribir sobre papiro, pergamino o papel son básicamente el pincel, tallado a bisel, que exigía grandes dotes caligráficas; el cálamo, tallado en punta, de manejo más fácil y, especialmente a partir del siglo IV d.C., la pluma de ave, ganso u oca. Estos útiles se cortaban con un cortaplumas y se afilaban, especialmente la pluma, con piedra pómez o piedra de afilar. Para guardarlos se utilizaba un estuche denominado stilarium, graphiarium theca libraria o calamarium. Fundamentales también, para la preparación del códice y para la escritura, eran otros instrumentos como: compás, punzón, regla, lápiz de plomo, raspador y esponja. El códice se componía de una serie de fascículos, cuya unidad mínima es el bifolio o doble folio y a partir de la cual puede ir aumentando progresivamente su número. Estos folios se doblan y pliegan de diferentes modos y con ellos se formaban distintos cuadernillos, cuyos formatos y tamaños pueden variar. Una vez formado el códice y constituido el libro, se procedía a preparar las hojas. Primero se perforaban para marcar unos puntos iniciales y finales, sobre los que se marcarían las líneas rectrices por donde debía trascurrir la escritura. Para la perforación, se podían utilizar varios instrumentos: el cortaplumas, el punzón, una pequeña rueda dentada, un instrumento de base triangular o una especie de peine metálico. Según fuese el objeto, así dejaba las finas marcas sobre el folio. Según las épocas, se marcan los puntos en el centro o en los lados; también dependía de si el texto iba a ir a lo largo de la página o se iba a escribir encolumnado. La perforación se podía hacer de una vez sólo sobre un bifolio o sobre varios, lo que también daba lugar a tipologías distintas. Una vez trazadas las perforaciones, se procedía al pautado o rayado de la página. Sobre la base de los orificios antes realizados, se trazaban las líneas de pautado, que también ofrecen gran variedad, dependiendo de zonas y épocas. Las líneas rectrices son las que se usan para escribir el texto, pero también había lineas de justificación marginales, horizontales o verticales, que enmarcaban el texto. Se creaba así una especie de falsilla sobre la que escribir. Por otra parte, se daban también ciertas marcas, como signaturas y reclamos, que indicaban el orden de los pliegos: las primeras consistían en una numeración en un extremo de la página, los segundos en escribir al final de una página (normalmente en el margen derecho inferior) la primera o primeras palabras de la siguiente. </p>
<p>Para la escritura, se usaban tintas y tinteros, así como productos de fijación para las mismas. El uso de las tintas se remonta ya al milenio tercero a.C. Se usaba el negro de humo mezclado con goma para obtener una pasta que se solidificaba y que había que diluir para escribir. Había tintas de origen vegetal, fácilmente borrables con una esponja húmeda, y, en la Edad Media, comienzan a usarse otras obtenidas de elementos metálicos. Generalmente, se componía de elementos como vidrio, nuez de agallas, vitriolo, goma, cerveza o vinagre. Las tintas eran principalmente negras, aunque la civilización primitiva china las usaba también rojas. De este color se empezaron a usar en Occidente en la Edad Media. Para obtener estos tonos se recurría a otros productos, como la púrpura, extraída de las glándulas de moluscos gasterópodos, el cinabrio, el carmín o las tierras coloreadas, como la sinopia, además del oro o la plata. Para la escritura, éstas son básicamente las tintas usadas; sin embargo, un capítulo aparte merecen las tinturas y colores usados en la iluminación de manuscritos, donde se consiguen una gran variedad de tonos por diversos procedimientos. </p>
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    <title>Papel</title>
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    <published>2008-08-06T20:50:37-04:00</published>
    <updated>2008-08-06T20:51:49-04:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <summary type="html"><![CDATA[<p>Papel</p>
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    <content type="html"><![CDATA[<p>Papel</p>
<p>La tradición atribuye el descubrimiento del papel a Tsi Lun, un oficial del emperador chino de la dinastía Han, en el año 105 d.C. Se conservan unas cartas del 137 d.C. La invención del papel triunfó definitivamente en China, desplazando a los habituales soportes como el bambú, la seda, la madera o el hueso. Este material, convertido en el soporte universal de la escritura, tardó, sin embargo, bastante tiempo en difundirse en Occidente. Al parecer los árabes lo copiaron a partir del 751 d.C., al descubrir entre los prisioneros de guerra, tras una victoria sobre los chinos cerca de Samarkanda, a algunos artesanos de la fabricación de papel. Pero hasta los siglos X y XI no empieza realmente a ser usado en Europa y, con todo, tardará en desplazar al pergamino. Sin embargo, puede decirse que la difusión del papel y su utilización masiva ha constituido uno de los avances mayores en la historia de la cultura, comparable al de la imprenta y estrechamente relacionado con ella. </p>
<p>El papel fabricado en China contenía un elemento de origen vegetal: se extraía a partir de una monocotiledonia (morus papyrifera sativa), pero se dejó de fabricar con ella a raíz de su difusión por Asia Central, de donde pasó al Próximo Oriente y, finalmente, a Occidente. Así, los elementos básicos pasarán a ser los trapos de lino y el cáñamo. Se deshacían en unas pilas y se dejaban macerar y fermentar en agua para conseguir una pasta muy fina a base de golpearla con martillos o con piedras de molino. Se formaba así un producto de fibrillas de celulosa que se depositaba en una cubeta metálica a temperatura constante, en la que se introducía un tamiz rectangular rodeado por un marco de madera, llamado forma y constituido por filamentos entrecruzados que componen una trama. Según la disposición de estos filamentos, así eran las formas que daban lugar a distintos tipos de hojas, ya que, con este utensilio, se recogían las materias en suspensión que tenía la pasta de papel y se formaba una fina película que se extendía sobre un fieltro para que se secaran. Las hojas resultantes se prensaban para alisarlas y después se encolaban de una en una. Los árabes perfeccionaron mucho el usos de gomas para encolar a base de resinas o engrudos de almidón. Las hojas del papel suelen llevar una marca del fabricante, denominada filigrana, que era de origen italiano y está documentada a partir de 1280. La fabricación de papel se propagó rápidamente en los siglos XI y XII en Córdoba, Sevilla, Granada y Toledo. En Játiva, había una fábrica importante hacia 1150, si no antes, y se encuentran restos de molinos papeleros en muchas zonas. Su éxito se debió a la abundancia de esparto, producto característico del primitivo papel español. Las fábricas italianas proliferaron también a partir del siglo XIII, siendo especialmente famoso el de la villa de Fabriano o las de Bolonia, Prato, Toscana y Génova. El uso del papel terminó por imponerse definitivamente en toda Europa, según se fue abandonando progresivamente el pergamino. La fabricación del papel artesano culmina en el siglo XVIII con las fábricas de Cataluña, sin duda entre las principales y de mayor calidad de Europa, antes de la fabricación del papel industrial en los siglos XIX y XX. </p>
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    <title>Pergamino</title>
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    <published>2008-08-06T20:42:39-04:00</published>
    <updated>2008-08-06T20:43:28-04:00</updated>
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      <name>Editor</name>
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    <category term="Idiomas Lenguajes" />
    <summary type="html"><![CDATA[<p>Pergamino</p>
    ]]></summary>
    <content type="html"><![CDATA[<p>Pergamino</p>
<p>Es la piel de un animal, generalmente ternera, cabra, oveja o carnero, tratada de forma especial para conseguir este soporte de escritura. Alguna vez se usan otros animales, pero de forma excepcional, como el antílope, con el que se fabricó el códice bíblico conocido como Codex Sinaiticus. El pergamino se obtiene a partir de la dermis de la piel del animal. Ésta se dejaba en remojo en agua durante un prolongado período de tiempo, después se le daba una lechada de cal para eliminar la epidermis, evitar que se pudriera y facilitar la eliminación del vello, que se hacía a continuación; finalmente se raspaba el tejido subcutáneo. Una vez reducida la piel a una capa fina y limpia de la dermis, se estiraba y tensaba sobre un bastidor, donde se goteaba y raspaba con cuchillas de acero pasando a continuación un trapo húmedo con agua y polvo calizo; esta operación se repetía varias veces, de modo que, a base de secar y mojar la piel tensa, se producia un reordenamiento de las fibras de colágeno que daban el aspecto característico de la trama del pergamino. Una vez quitada la piel del bastidor, se apoyaba sobre un caballete y se volvía a rascar, ahora en seco, con cuchillas de cierta curvatura, para hacerla aún más fina y flexible, luego se pulía con piedra pómez. Con las virutas que se desprendían del raspado se fabricaba la cola de pergamino, usada para teñir lana, para pinturas y para encolar papel. </p>
<p>El nombre le viene de Pérgamo, ciudad de Asia Menor, fundada por Filetero en el 238 a.C. Según el autor latino Plinio, el rey Atalo I fundó la biblioteca que alcanzó su apogeo con el rey Eumenes II (197-158 a.C.), llegando a tener 200.000 volúmenes. Esta biblioteca competía con la de Alejandría, por lo que, según la tradición, el rey egipcio Ptolomeo Filadelfo dejó de suministrar papiro a la ciudad de Pérgamo, ante lo cual se desarrolló y perfeccionó en ella la fabricación de este soporte de escritura que terminó por sustituir al papiro. El primer testimonio de uso de pergamino es, con todo, antiquísimo: data del 2700-2500 a.C., durante la IV dinastía egipcia. Según Herodoto y Ctesias, era muy usado entre los persas. El pergamino más antiguo conservado es, sin embargo, del siglo II a.C., contiene un texto griego y procede de Dura Europos. Entre los griegos, recibía el nombre de dipthéra y, entre los latinos, el de membrana, nombre con el que era conocido mayoritariamente durante toda la Edad Media, así como el de charta membranacea. La denominación de pergamino arranca de la expresión membrana pergamenea usada por primera vez en el edicto de Diocleciano del 301 d.C., conocido como Edictum de pretiis rerum venalium. El término pergamenum fue usado por San Jerónimo (330-420). El pergamino fue el soporte por excelencia a partir de los siglos III y IV, hasta la introducción del papel por los árabes en Europa a finales del siglo VIII. Después de la difusión de éste, siguió siendo el material preferido para los códices miniados o iluminados durante mucho tiempo.</p>
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